sábado, 14 de junio de 2014

SIN ERRATAS

No quiero explayarme demasiado con esta entrada, ya que el título de la misma lo dice todo (irónicamente). Os voy a exponer parte de una conversación que acabo de tener con una mujer de 31 años que trabaja en el sector de la educación, concretamente es profesora de FP.

Anónimo: xq escribes en castellano antiguo?? es q me hace gracia
Yo: ¿Castellano antiguo? Simplemente escribo sin erratas, me gusta la buena ortografía.
Anónimo: uffff, q pedante eres...
Yo: No soy pedante, me gusta escribir bien, y para mí es una forma de respetar a la otra persona.
Anónimo: buaaaa, asi te va a ir mu mal en la vida, paso de ti....
Yo: ¿Disculpa? ¿Te
 he insultado o algo? Al contrario, soy muy educada y por eso escribo sin faltas.
Anónimo: creo q yo tampoco te he insultado...
Yo: Yo en ningún momento he dicho que tú me hayas insultado, sólo digo que no comprendo el porqué te molesta tanto que escriba sin faltas ortográficas.
Anónimo: mira q paso de discutir, solo prefiero una persona mas natural...


En resumidas cuentas, si en el siglo XIX lo que se valoraba positivamente de una persona era su capacidad de componer oraciones bien estructuradas y sin faltas de ortografía, actualmente ese mismo hecho provoca rechazo porque supuestamente se muestra una aparente superioridad intelectual que conlleva a la sensación de que los están infravalorando. Sinceramente, hemos perdido todos los valores como personas racionales y la única aspiración que tienen los jóvenes de entre 18 y 35 años es participar en el programa de Mujeres, Hombres y viceversa. ¡Así va el país!

martes, 27 de mayo de 2014

HONESTIDAD

La honestidad es un regalo muy caro, no lo esperes de la gente barata.

Las circunstancias provocan cambios imprevistos en nuestros esquemas, alteran nuestra visión del mundo y nos proponen nuevos desafíos que no nos hubiéramos planteado de no haberse dado dichas condiciones. En la amistad, como en el amor, surgen decisiones que pueden ponen en peligro la relación que tenemos con la otra persona. A veces debemos caminar con pies de plomo si no queremos perjudicar negativamente a ese ser querido que representa un pilar fundamental en nuestra vida, sin embargo, en otras ocasiones debemos utilizar nuestra artillería pesada de crudas realidades para eliminar la venda de los ojos de nuestro incrédulo amigo. 
El ser una persona honesta y transparente no asegura el ser bien recibido por los demás, ya que hay verdades cubiertas con espinas que pueden hacer mucho daño a corto plazo. El dilema reside en si debemos, o no, ser totalmente sinceros con ese amigo que busca nuestro consuelo en forma de preguntas para destapar los trapos sucios que cubren sus propias vidas, en cuyo caso se puede responder a través de tres opciones; ser sinceros y no andarse con rodeos, contar una mentira piadosa para no provocar lágrimas, o pasar del tema y decir que "a mí no me preguntes que no se nada". 
Yo pertenezco a la antigua escuela y siempre opto por la sinceridad pero midiendo cada una de mis palabras, siempre con educación y empatía. Cierto es que no siempre me ha ayudado mi extrema sinceridad, a veces he provocado indirectamente conflictos ajenos que han acabado por afectar mi relación afectiva. No obstante, prefiero hacer llorar con la verdad en lugar de hacer reír con la mentira, es por ello que mi conciencia hoy por hoy está tranquila y carece de remordimiento alguno. No me importa alejar a la gente a causa de mi honestidad, ellos se lo pierden porque no van a encontrar a una amiga igual que sea capaz de analizar sus historias, aportarle diferentes soluciones, sacarles una sonrisa con locuras y hacerlos reflexionar con las verdades. Me da igual tener pocos amigos, pero al menos sé que los que van quedando a mi lado saben apreciar mi amistad y jamás dudarán de mi palabra. La honestidad es el arma de los valientes, pero el talón de Aquiles de los cobardes y de las malas personas.    

miércoles, 7 de mayo de 2014

BON VIVANT O SIBARITA

Quiero dedicar esta entrada a dos términos que siempre se han acuñado y/ o asociado al buen comer y beber,  pero que cuya definición abarca mucho más que la gastronomía. Este inciso en mi blog se debe a una conversación filosófica que mantuve con un amigo el pasado mes de abril y el cuál me definió como "bon vivant".

El término "bon vivant" tiene origen francés y significa "buen vividor", refiriéndose a personas elegantes, originales, con clase, amantes de la buena vida y que huyen de las aglomeraciones, para ellos es más importante encontrar un lugar desolado a la vez que extravagante que les proporcione bienestar y cultura. Por otro lado, se encuentra el término "sibarita" (gentilicio de Síbaris) procedente del griego y que hace referencia a un grupo urbano de gustos refinados que buscan el placer en productos de alta calidad tales como alimentos, ropa, tecnología, casas y viajes, y que por lo general suelen tener un alto nivel económico. Tanto los bon vivant como los sibaritas son personas con un buen porte que disfrutan de los placeres la vida resultando en ocasiones extravagantes por sus peculiares gustos y por su positividad extrema.  
La diferencia entre ambos reside principalmente en la parte económica y social; los primeros pertenecen a la clase media-baja y buscan lugares exentos de tumultos para disfrutar del sosiego de la soledad que proporciona un hermoso paisaje, mientras que los segundos pertenecen a la clase media-alta y adoran los lugares abarrotados donde poder mostrar su alto estatus despilfarrando billetes por doquier. Ambos grupos son fáciles de identificar ya que suelen ser muy optimistas y siempre disfrutan de lo que les rodea, no obstante, los sibaritas destacan más debido a su extrema elegancia y soberbia, allí donde quieran que van llaman la atención por su capacidad de liderazgo y por ser el alma de la fiesta. Los bon vivant por el contrario, son más humildes, bohemios y extravagantes, no necesitan de gente ajena para divertirse, ellos ya disfrutan de su propia esencia, sin embargo, resaltan por su apariencia misteriosa y su saber estar.
En definitiva, cualquier persona que sea optimista y que disfrute al cien por cien de los placeres que ofrece la vida puede ser un bon vivant o un sibarita. ¿Tienes poco dinero pero te gusta conocer nuevos lugares? ¿Te incomodan las aglomeraciones? ¿Te gusta cultivar tu mente con nuevos conocimientos? ¿Eres un apasionado del ocio y de la moda? ¿Tus gustos abarcan todos los lujos a tu alcance? Entonces eres un Bon Vivant. ¿Gozas de una economía solvente? ¿Te encanta viajar a lugares conocidos? ¿Compras siempre productos de buena calidad? ¿Montas una fiesta para organizar una simple merienda? ¿Tu principal debilidad es la buena comida y bebida? Entonces eres un Sibarita.

lunes, 7 de abril de 2014

AMISTAD

A veces olvidamos la calidez de la amistad y nos distanciamos de lo que de verdad nos hace felices. Nos centramos únicamente en la pareja con el pensamiento equívoco de que será para toda la vida o de que nos aportará un presente y un futuro estable, mientras que nuestras amistades pasan a un segundo e incluso a un tercer plato; dejan de ser nuestra prioridad y nos tomamos la osadía de despreciar un vínculo que siempre ha estado ahí, apoyándonos en los buenos y malos momentos. 
Olvidamos que la amistad es un pilar fundamental para nuestra salud mental; en la infancia nos ayuda a aprender estrategias de respuestas, en la adolescencia nos guía en la búsqueda de nuestra verdadera personalidad, en la juventud nos muestra el significado de la lealtad, y en la madurez supone un gran apoyo emocional tanto en los buenos como malos momentos. Muchas personas piensan que los amigos van y vienen pero que las parejas son para siempre, otras tantas piensan todo lo contrario, y el resto simplemente pasa de habladurías emocionales; quizás éstas últimas son las que tienen un razonamiento más lógico ya que no anteponen la pareja a los amigos pero tampoco anteponen los amigos a la pareja, es decir, para ellos ambos son importantes. 
Sin desviarnos del tema que aquí nos compete, la amistad representa un valor primordial en nuestro día a día, sin ella no seríamos capaces de socializarnos y seríamos pasto de trastornos psicológicos que impedirían nuestro bienestar. Es por ello que nunca debemos dejar de lado a esos amigos que siempre han estado ahí, que siempre nos han demostrado lealtad, comprensión y cariño. Esos amigos que, a pesar del compromiso que pueda suponer para ellos, nos dicen la cruda realidad aunque a priori nos provoque rechazo y dolor. No obstante, las crueles palabras que puedan espetar de sus bocas no tienen la intención de abultar la mierda ni de regodearse de nosotros, tienen el objetivo y prácticamente la obligación de abrirnos los ojos para que cortemos de raíz el malestar que puede estar provocando nuestra situación actual, porque un amigo de verdad no es aquél que te hace reír con mentiras, sino llorar con verdades.

domingo, 16 de marzo de 2014

A MI AMADO

A LA ATT. DE AQUÉL QUE ME LO ARREBATÓ TODO 
C/ Santa Victoria, 
Nº 33, Bloque 7, S/N 

A ti, que me lo prometiste todo y me arrebataste el alma. 

Me partiste el corazón en mil pedazos. Escupiste a mi confianza e insultaste mi inteligencia. Me llamaste egoísta y reprochaste mi independencia. Querías una mujer sumisa que obedeciera todas tus órdenes dentro y fuera de la cama. Me tratabas como si fuese una marioneta a la cuál controlar en cada momento, una muñeca frágil que no tiene ni voz ni voto. Deseabas anularme por completo y hacerme sentir que sin ti no valía nada, que después de ti sólo encontraría soledad e ignorancia, que no sería capaz de ser amada por otra persona. Según tú, quién iba a fijarse en mí, en una mujer que no valía ni para ser intercambiada por un camello. Me hiciste sentir la persona más desdichada. Tus crueles palabras lograron que dudara de mis capacidades anulando cualquier resquicio de autoestima aguantaba arraigada en lo más profundo de mi alma. Te sentías orgulloso del poder que ejercías sobre mí, sin embrago, te frustraba que no hiciera nada, que permaneciera callada en aquella butaca. 
Llegué a tener miedo de llevarte la contraria, o incluso de intervenir en las conversaciones que surgían en nuestro grupo de amigos. Sólo podía opinar cuando estaba segura de que la respuesta sería la correcta para ti, pero nunca lo era. Todo lo hacía mal. No importaba la decisión que tomase; hiciese que lo hiciese te hacía enfadar. Si te llamaba decías que te agobiaba, pero si optaba por no llamarte decías que me estaba alejando de ti. Si te felicitaba en San Valentín decías que no te hacía sentir especial porque todo el mundo celebraba ese día tan comercial, y si no te felicitaba decías que no tenía vergüenza. Si te regalaba algo por tu cumpleaños no lo apreciabas porque decías que un detalle no se da únicamente por cumplir años, sin embargo, si no te regalaba nada me lo echabas en cara porque pensabas que me había olvidado. Si es que daba igual, yo en sí te hacía enfurecer. Llegué a creer que era mi culpa, que sólo pensaba en mí y que por ello no me daba cuenta de mis errores, que quizás estaba rodeada por un halo de egoísmo que no me permitía ver lo que estaba haciendo mal en nuestra relación. Llegué a pensar que tenías razón, que después de ti ningún hombre me iba a amar, porque quién se iba a fijar en una persona avara que carece de cualquier habilidad y/ o aptitud de la cuál enorgullecerse. ¡Nadie iba a querer estar conmigo! Es por eso que aguanté todos tus improperios, cada una de tus patadas, cada mordisco en la espalda, cada empujón contra la pared, en resumidas cuentas, todas las vejaciones a las que me sometiste. 

Ahora heme aquí, arrodillada ante ti implorando perdón, inundando de lágrimas este frío salón que ha sido testigo de las eternas palizas que mi cuerpo y mi alma han sufrido a manos de mi amado, a manos de la persona que me encandiló con cartas de amor, a manos del hombre que me arrebató la inocencia. A manos de ti. 
Y tengo miedo, jamás pensé que llegaría hasta esta situación. Yo, que siempre fui una persona dulce que soñaba con su príncipe azul. Tú, que llegaste a mi vida prometiéndome la luna. Nada hacía prever este trágico final. Yo no quería, pero tú me obligaste. Y aquí me hallo, liberada de tu mandato, liberada del calvario al que me has sometido durante estos veinte largos años. 

Tuve que hacerlo; mi cuerpo no aguantaba más cicatrices y mi alma no soportaba romperse en más pedazos. Era tú o yo, el mal o el bien, y esta vez decidí. Escogí por primera vez una opción egoísta, puse por delante mi bienestar. Puse fin a tu vida. A veces no somos conscientes de que nuestra existencia pende de un hilo; un día puedes estar haciendo la labor más insignificante y a los cinco segundos morir sin más. Te pillé distraído gozando con otra, fue la gota que colmó el vaso. Y la plancha estaba ahí, esperando a ser utilizada... De repente, todo se tornó de rojo y el silencio invadió la habitación. Y sí, ahora me arrodillo ante tu efigie sin aliento e imploro el perdón de Dios, porque aunque me encierren entre rejas seré libre como persona. 

A ti, que fuiste mi amado, hoy te digo adiós. 
Fdo: Victoria