miércoles, 8 de agosto de 2012

MÁS ALLÁ DE LOS SUEÑOS


Más allá de la concepción que podáis tener de mí. Más allá de la indiferencia que represente en vuestros pequeños sesos y en vuestras olvidadizas vidas no voy a claudicar porque me gusta ser así, diferente, única. Mi locura os confunde. Causo estragos en vuestras estúpidas mentes. Intentáis jactaros de mi imaginación cuasirreal, pero no lo conseguís. Ignoráis mis raudos y honestos consejos porque pensáis que proceden de una excéntrica que no sabe lo que dice. La diferencia os aterra y optáis por comer de vuestra propia basura como carroñeros. Mientras sofocáis el hambre con una fría sopa de letras y la sed con efímeros besos, los buenos actos sin lucro quedan olvidados en un cenicero medio roto. 
Yo seré egocéntrica, no tendré el mismo sentido de la coherencia que vosotros y a veces rozaré lo inviable, pero tengo suficiente independencia emocional, es decir, personalidad y empatía, como para saber que no he de reírme de eso que os hace ser tan vulnerables, vuestra ignorancia. 
Preparáis el camino para ser eternos olvidando la verdadera esencia de la vida y creyendo en algo que nadie ha alcanzado, la inmortalidad. Tantos esfuerzos, tanta falsedad, tanto sufrimiento para tener el mismo final que yo, la muerte.
Adoro lo que puedo apreciar y sentir; la brisa en mis mejillas, la arena en mis pies, el calor de una chimenea, la lluvia en mi ropa, el mar en mis huesos, el sol abrasando mi cuerpo, una simple caricia que activa mi libido, en definitiva, vivir. Vosotros, abrazáis lo que no sentís y tenéis lo que no amáis; falacias que habéis creado para tenerlo todo sin tener lo que verdaderamente deseáis, la felicidad.
Pensaréis que estoy inmersa en un trastorno y quizás tengáis razón, prefiero vivir en una burbuja de realidad antes que en un océano ficticio. 
¿Os gusta vivir en una mentira? Pues nadad más profundo, tan profundo que no podáis percibir la claridad, yo seguiré en mi burbuja alcanzando la superficie para sentir el aire que me hace respirar.

miércoles, 18 de julio de 2012

NUBES DE ALGODÓN

Ahora estoy aquí esperando alcanzar tu mirada, contando las horas que faltan para rozar el suave aroma que embriaga tu cuerpo, esa esencia que me hace olvidar todo lo demás cuando estoy junto a ti. Y sigo aquí ensimismado por tu recuerdo, reviviendo momentos que parecían ser eternos; vivía y sigo viviendo en tu universo.
Hoy camino entre nubes de algodón con dirección a tu corazón. Estoy nervioso, inquieto, no sé qué sucederá a partir de hoy. Escucho cada latido a medida que voy acercándome a tu destino testigo de la unión que se forjará esta noche entre nuestras almas a la orilla del mar. Solos tú y yo. Sólo sinceridad y amor. Ahí estás cuál ángel caído del cielo sin alas con las que poder volar, sin aureola que te proteja de todo mal. Aquí estoy yo regalándote mi felicidad aunque por ello tenga que prescindir de ella, pero sé que tú bienestar será el mío cuando toda esta guerra absurda acabe y entregues tus armas a un nuevo desafío, mi persona. No tengas miedo a lo desconocido, no tengo nada que pueda hacerte daño.
Lo siento si te besé y no debía. Siento si desmonté todo tu mundo cuando considerabas que no era oportuno, pero mis manos sanearán todas tus heridas, mis labios iluminarán tu camino y mi cuerpo protegerá tu esencia malherida. 
Ha llegado la hora de dejarte marchar y despedirme hasta la próxima vez que me necesites, que sientas la necesidad de compartir tu tiempo con alguien que sólo busca un poco de atención, comprensión y cariño. Y te digo adiós, quizás hasta pronto, pero regreso a mi hogar a través de esas nubes de algodón que un día hicieron que nuestros caminos se cruzasen. 
Me siento bien. Hoy soñaré.

viernes, 29 de junio de 2012

ESPERANDO AL AMANECER

Abrí los ojos y aún no había amanecido. La oscuridad de la noche no me permitía dilucidar los objetos de mi habitación y el silencio del ambiente me envolvía de nuevo en un cálido sueño. Quién sabe cuanto tiempo pasaría mientras soñaba con ángeles y orgías pero volví a despertarme al cabo de un rato y la oscuridad aún me invadía, el silencio me acompañaba y mi cuerpo tumbado yacía en mil almohadas.
Mientras esperaba que los rayos de sol entraran por las rejillas de mi persiana seguía viviendo aventuras inverosímiles en el mundo de los sueños y las pesadillas. Durante un instante fui un honorable caballero de armadura dorada en busca de su amada, hasta que sobre mi caballo blanco crucé el puente para entrar al castillo y me convertí en un personaje de videojuegos. Ahora apenas medía un metro veinte y mi piel de escamas verdosas se cubría, era un pequeño dragoncito que debía saltar de columna en columna para salvar a su bella reina, una dragona rosa de escamas plateadas. Tuve que enfrentarme con un gran robot metálico y cuando éste fue destruido salí ipso facto de la pantalla de la televisión para recuperar mi efigie natural.
Ahora era un butanero. Trajeado con pantalones grises y una camisa naranja trasportaba sobre mis hombros dos bombonas de butano para entregárselas a una señora de esbelta figura que subiéndose delicadamente el picardías de seda que tapaba sus apreciadas nalgas se insinuaba ante mi persona. Evidentemente no me resistí, sucumbí a sus encantos y me abalancé sobre ella como el cazador a su presa. La besé con intensidad y arrime mi entrepierna a sus caderas, estaba apunto del clímax. De repente, un estruendo interrumpió el tórrido momento; giré la vista hacia la ventana y en lo más alto de una torre rodeado de suciedad y ratas prisionero me encontraba. El desasosiego me superó; quise saltar al vacío para escapar de allí, entonces regresé a la vigilia.
Debían haber pasado tan sólo cinco minutos desde que conseguí dormir un poco, pues aún no había amanecido. Todo negro a mi alrededor, un mutismo aterrador y demasiado calor. Comenzaba a agobiarme. ¿Sería este mes de Agosto que no me permitía dormir del tirón? Mis párpados sudaban y mi cuerpo se había fundido en las sábanas como si fuera hierro en llamas. Daba vueltas en la cama sin espacio suficiente para encontrar un rincón fresco, la ansiedad me desvelaba y mi mirada al techo se dibujaba.
Esperando al amanecer mi mente, junto con su gran sapiencia (y no peco de vanidad), se puso a pensar, a imaginar, a crear. Comenzó a diseñar un mundo ideal, ya que a lo largo de mis veinticinco años de vida no había conseguido ser feliz, sólo lágrimas resumían la trayectoria del paso de mis días. Imaginé ser el protagonista de una novela épica que en sus andanzas jamás moriría, ganaría batallas y de honores me colmarían, conocería al amor de mi vida y con ella cinco hijos tendría, dos niños y dos niñas, preciosos como su madre e inteligentes como su padre. Imaginé que viviría hasta los ciento cinco años y que vería nacer a mis tataranietos y morir a mis hijos, sería un hombre fuerte que fallecería de vejez con la cabeza bien alta, orgulloso por su legado y su mandato.
También me imaginé siendo un auténtico vividor del siglo XIX, o lo que es lo mismo, un completo Don Juan; viviría al puro estilo de Edgar Allan Poe, fumando opio, yendo de putas y drogándome hasta la saciedad, eso sí, sin perjudicar a nadie. Viviría mi vida al límite, tendría algún negocio fructífero y sentaría la cabeza a los cuarenta años de edad para luego morir con cincuenta y seis pero satisfecho con todo mi recorrido vivido.
¡Buff! Seguía sin conciliar el sueño. La ausencia de claridad y el tic tac de mi reloj de muñeca me estaban matando de hastío. ¡Qué se haga de día YA! Las horas se demoraban demasiado y mi paciencia se había agotado. Era hora de levantarse del nidito de amor y hacer algo productivo, por ejemplo, pintar un lienzo o sacar a pasear al perro. Cuál fue mi sorpresa que cuando intenté incorporarme mi cabeza chocó contra algo, mis brazos no tenían espacio para alcanzar el interruptor de la luz y no podía girar mi cuerpo pues el reducido espacio de donde quisiera que estaba no me lo permitía. No encontraba la salida; me atinaba encerrado, tapiado, enclaustrado.
Comencé a palpar con mis manos los cuatro muros de los que me veía rodeado. Madera de pino, fría como un témpano y lisa como los voluptuosos glúteos de mi última pareja. Las sábanas eran muy suaves y bastante acolchadas, de ellas sobresalían unos pequeños bultos, seguramente los botones de las costuras. En un lateral noté el frío metal de lo que parecía ser una bisagra bien cerrada. ¡Me habían enterrado vivo! ¿Por qué? Quizás sufrí un ataque de catalepsia y no se percataron para mi desgracia de ese problema, o puede que mi depresión me aislara tanto de la realidad que provocó que mi alma abandonara mi cuerpo prematuramente. Dejé escapar mis juventud y no le di una oportunidad a mi futuro. ¡Socorro! ¿Hay alguien ahí? ¡Ayuda! No quería morir, de esa forma no. Intenté abrir el ataúd con la punta de mis pies y los nudillos de mis puños, pero todo fue en vano. Dejé clavadas mis uñas en la dura madera, la sangre salía a borbotones de mis dedos, los huesos de mis manos se partieron y el ambiente tosco comenzaba a dejarme sin aliento. Vociferé durante horas, quizá días. Mi cuerpo se debilitó. Grité. Lloré. Supliqué. Imploré. Hasta hice un pacto con el diablo pero de nada sirvió. Me rendí. Mis ojos llenos de tristeza exhalaron su último adiós y esperando al amanecer nunca se cerraron. 

lunes, 14 de mayo de 2012

PALABRAS

Al final las palabras sólo quedan en eso, palabras, una gran verborrea compuesta por promesas que luego quedan olvidadas como si nunca hubiesen sido dichas, y una tan ingenua que se las cree por su carácter profundo. Las palabras acaban siendo una gran mentira para solapar a las anteriores, sí más palabras.
Se pueden expresar de diversas maneras, escritas en papel, a ordenador, a máquina o simplemente habladas pero nunca son representadas, nunca hay hechos, de ahí a que sean mentiras, o ¿sólo es en mi caso?
Lo cierto es que siempre me han dicho, me han jurado, me han ilusionado con el objetivo de... no sé, supongo que de alimentar su tiempo pueril mientras me brillaban los ojos al leerlas, al escucharlas. Más tarde ese brillo comenzaba a desaparecer y mis párpados ocultaban el color del iris mientras mis ilusiones desvanecían por momentos pues había descubierto la verdad, sólo fueron palabras.
He dejado pasar acciones que hubiesen nutrido mi vida de experiencias para invadir mi mente de cuentos que pensaba que algún día se harían realidad, que algún día dejarían de ser sólo una fantasía. No sé cuál es el objetivo de tanta retahíla si no obtienen nada, si no obtengo nada. Quizás la culpa de todo no fue de ellos, yo permití que llegaran a mis oídos y a mi vista, me hacían feliz en ese momento y sólo me arrepentía con el paso del tiempo cuando veía que no se cumplían, cuando mis días amanecían siempre nublados.
Ahora soy yo quien plasma letras que forman más vocablos ¡qué ironía! La diferencia es que yo no prometo nada, sólo reflejo la verdad de la mentira, sólo intento deshacerme de esas farsas y dejar de creer en el abecedario, mi cometido es volver a creer en hechos.

Me parece increíble la cantidad de mentiras que una persona puede soltar por la boca, al igual que me deja estupefacta que dicho sujeto comparta la misma sangre que uno. 
Perdonamos traiciones que luego se vuelven a repetir para volverlas a perdonar, ¿o me equivoco? ¿Cuántas veces habéis perdonado a la misma persona? Yo, decenas.
Hace poco aprendí viendo la película "El Padrino, Parte II" que si te traicionan una vez la culpa es de los traidores, pero que si te traicionan dos veces la culpa es tuya por permitirlo. El Padrino llegó a matar a su propio hermano para así asegurarse de que no volvería a traicionar a la familia, así que de la misma forma que el Padrino se deshizo de la manzana podrida que estaba contagiando al resto de frutas, yo me deshice de la lacra que malmetió en mi vida durante años, ¡ey, no penséis mal! Mis manos no están llenas de sangre, simplemente puse distancia de por medio, pues no hay mayor desprecio que la ignorancia.
Hoy puedo decir que soy completamente feliz y que mi vida sólo la están compartiendo los que se la han merecido gracias a la sinceridad, honestidad y bondad de los mismos.

sábado, 5 de mayo de 2012

VEINTE MÁS

Salió de aquel sitio con la sensación de que le habían tomado el pelo, no comprendía cómo un par de cartas al azar podían adivinar la edad de su futura pareja, ¿dónde estaba escrito eso? ¡Habladurías!” - Pensó.
Ella sólo quería saber si su futuro iba a ser fructífero, si tendría unos hijos sanos y si su vida amorosa sería estable y digna de un cuento de hadas, pero no, la vieja esotérica se centró en la edad de su hipotético novio y el cambio que éste produciría en su apacible y monótona vida. “¡Menuda estafa!”. - Balbuceó mientras iba camino a casa.
 Siempre había sido una chica con unos ideales muy arraigados en cuanto a temas de amor se refería. Su hombre ideal debía tener entre dos y siete años más que ella, de estatura media, complexión atlética y carente de bello corporal. También tendría que tener una carrera universitaria, un trabajo asentado y ser todo un caballero. Sí, así se imaginaba a su ficticio marido, "el hombre perfecto". Quería satisfacer el deseo de sus padres de conseguir un buen yerno para ellos y tener una imagen encantadora para el resto de la sociedad, una imagen nada fuera de lo común que le permitiera pasar desapercibida sin rumores de por medio y a la vez que fuera muy especial para ella.
 - ¡Ey, cuidado! ¡Mira por dónde vas!. - Le gritó a un señor trajeado que iba hablando por teléfono totalmente despistado.
- ¡Qué se creerá!- Caviló. La gente mayor cree que pueden mirarnos por encima del hombro y pisotearnos sin escrúpulos.
- Le ruego que me disculpe bella señorita, la vi de lejos y no pude evitar tropezarme con usted buscando una excusa para conocerla. – Alegó el caballero de una forma muy seductora. Sorprendida por la respuesta del desconocido galán agachó la cabeza y sonrojada pidió disculpas por su mala gana, nunca nadie le había entrado con tanto descaro y a la vez con tanta educación. En cualquier otra circunstancia hubiese pensado que es el típico viejo verde acomplejado por su edad que intenta recuperar su juventud acostándose con chicas a las que le dobla la edad, pero esta vez no presintió nada de eso, había algo en sus ojos que la hechizaban. - ¿Estás bien? No quise ser demasiado atrevido, pero siempre hago caso a mi intuición y en esta ocasión me dijo que debía conocerte, y nunca me gusta llevarle la contraria.
- Supongo que mi intuición o el propio destino también quiso que nos encontráramos hoy en el mismo camino. – Le contestó ella sin apartar la mirada del claro iris de sus ojos.
No era joven, no estaba atlético, no tenía hecha ninguna carrera universitaria y tenía bellos en todo el cuerpo menos en donde tenía que tenerlos, en la cabeza. Eso no le impidió querer conocerlo, había algo en él que la atraía, era muy diferente al resto. A partir de ese día pasaron juntos todas las tardes a escondidas; tomaban café, compartían risas y debatían sobre política.

La estudiante estaba muy a gusto con él y se sentía protegida. Sus vidas no tenían ningún parecido pero eran extrañamente iguales; ambos cansados de una sociedad ignorante que se rige por estereotipos y ambos deseosos de encontrar la perfección en una relación. Seguían pasando los meses y su amistad aumentaban, no podían plantearse una vida en el que el otro no estuviera; la juventud aportaba a la madurez y la madurez aportaba a la juventud, los dos unidos formaban un perfecto equilibrio.
Dieron un paso más, querían fundir sus almas y hacerlas invencibles, hacerlas eternas. Entre el mar y la playa hicieron el amor bajo un cielo estrellado que se convertiría en testigo de la más sincera y bella relación, sin miedos, sin prejuicios, olvidando el que dirán y sintiendo a través del corazón pero con una pequeña diferencia entre ellos; ella con diecinueve años y él con veinte más.