viernes, 4 de febrero de 2011

DESTINO O COINCIDENCIA


Nunca creí en el destino, los sucesos enlazados me parecían una mera coincidencia, quizás por mi desmotivación en la vida la cuál no valoraba, ¡estaba tan ciega! Me rodeaba de gente que no aportaba nada a mi desarrollo personal, claro que yo a ellos tampoco. Me limitaba a estar, no hacía nada por conocer gente interesante, pero tampoco expulsaba de mi vida a esa basura que atrancaba mi puerta. Siempre pensé que estaba destinada a rechazar a las personas para dejarlas avanzar en la vida porque yo no amaba, sólo les rompería el corazón; un rechazo mío era la felicidad de la otra persona la cuál unos días después encontraba al amor de su vida. Pensaba que mi función en este mundo era servir de amuleto a los demás y que alguien como yo no merecía esa suerte. 
Pasaban los años y seguía ensimismada en mi mente caótica llena de penurias y mentiras. Los días cada vez se hacían más largos y duros; despertaba sin fuerzas y pensando... “Otro día más que soportar”. Había olvidado lo qué sentía cuando era joven, cuando era feliz. 

Sentada al borde del precipicio apareció mi ángel de la guarda: - ¡No te tires! No tienes depresión, sólo necesitas aprender a amar para que los demás te amen.
Miré hacia atrás y allí estaba, un hermoso ser que desprendía una luz cálida llena de paz. Apareció de la nada, cuando menos lo esperaba pero más lo necesitaba. Al principio no daba crédito a esa aparición, pensé que no era más que mi conciencia hecha materia, por lo que no le prestaba demasiada atención, sin embargo, tenía que vivir los días posteriores escuchándolo decir que esa tristeza la provocaba yo, que debía cambiar mi actitud y aprender a valorar los pequeños detalles. 
Día tras día, noche tras noche la misma retahíla... “¡Cambia, cambia, cambia! ¡Y podrás avanzar!” Una mañana mi mente se abrió. Me levante con energía, llena de vida y ambición; tenía ganas de mostrar mi amor a todo el mundo, quería ser mejor persona y sacar sonrisas por doquier, ¡esa es mi función! ¡Cómo no pude darme cuenta de las señales! Cada suceso es una pieza del puzzle de tu vida, sólo hay que saber unirlas; rechazaba porque no estaba preparada para amar a esas personas, pues no me quería ni a mí misma. Encontraban el amor al par de días para que yo me diese cuenta que ellos avanzaban y yo seguía estancada, algo estaba fallando en mí. Ciertas amistades fracasaban porque debía ser así, no tenían ningún valor para pertenecer a mi vida. Topé con ese ángel porque tenía que suceder tarde o temprano, estábamos destinados a conocernos para ayudarnos mutuamente y caminar por el sendero de la oportunidad. Si hubiese sabido a amar no hubiese estado depresiva, por consecuente nunca habría rechazado a nadie y no me consideraría un amuleto de la suerte; también hubiese tenido el valor de echar a esos inútiles que me hacían retroceder en la vida, y hubiese llenado esos huecos con gente productiva con la que compartir mi tiempo, por tanto, no habría tenido la necesidad de dirigirme a ese precipicio para poner fin a mi situación y no hubiese conocido jamás a ese ente, pero no fue así. 
Todo pasa por alguna razón. Yo sigo completando mi puzzle ¿y tú? 

A petición de lector anónimo.
Tema: existe el destino o si son meras coincidencias.

martes, 25 de enero de 2011

CUANDO AL FIN TE CONOZCO

Tantos meses esperando este momento; tantas horas dedicadas a leer cada una de tus palabras; tantas historias contadas que forjan una complicidad única; tantos días perdidos a través de la pantalla sin poder disfrutar de tu presencia, y ya ha llegado la hora. Me pongo mis mejores galas, me embriago de mi perfume favorito, saco mi mejor sonrisa y reflejo en el espejo los nervios de esta primera vez. Bajo las escaleras como si se tratase del día de mi boda, con ese brillo especial en mis ojos y el balbuceo de mis tripas. El camino hacia nuestro encuentro se me está haciendo eterno.

Aquí estoy, sentada en un banco esperándote con la sola compañía de esa farola encendida a media noche. Sé que no vendrás solo, que tus caballeros te acompañaran como buen anfitrión que eres.
Mirada enfrente y comienzo a dilucidar tu silueta y esa bufanda roja que te hace resaltar por encima de los demás. Mi cuerpo empieza a reaccionar; aumenta mi ritmo cardíaco, la sudoración se apodera de mis manos y un calor inmenso penetra en mi cabeza, creo que me voy a desmayar.
Te acercas con el más hermoso retozo, me levanto y nos damos un abrazo intenso, ¡al fin te conozco! Había esperado tanto este momento que me he quedado sin palabras, sólo disfruto de la ternura de tus brazos, tu pecho y ese aroma de hombre que comienza a penetrar todos mis sentidos.
Bien, ¿y ahora qué hacemos? Saludo a cada uno de tus amigos con la simpatía que me caracteriza; todos parecen estar encantados con mi presencia, recibo besos y halagos y no por mi físico, sino por mi persona que llena aún más. Entre tanto varón debería encontrarme incómoda, pero ni mucho más lejos, están atentos a mí, me tratan con respeto y educación, y comparten sus experiencias conmigo esperando una contestación recíproca por mi parte, todo eso me hace sentirme bien, especial, única.
Y ahí estás tú, intentando acaparar mi atención con tu conversación; intuyo que estás celoso, que esperabas que mi tiempo sólo lo compartiera contigo dejando de lado a tus amigos, pero no te equivoques, no soy así; no necesito depender necesariamente de una sola persona si estoy rodeada de más gente, me gusta transmitir y compartir.
Sé que piensas que no te estoy mostrando todo mi ser, por eso te pido que nos vayamos tú y yo a tomar una copa si quieres conocerme mejor.

Ya estamos solos, bueno, rodeados de personas desconocidas que permanecen ajenas a nuestro primer encuentro. Nos miramos tímidamente; nos sonrojamos; no sabemos qué decir y comienza mi gran verborrea de anécdotas. No puedo parar, quizás sea producto de mi nerviosismo o del alcohol que está empezando a hacerme efecto, pero me muestras que disfrutas con mi compañía, que sonríes, que eres partícipe de mis conversaciones y eso me motiva a seguir relatándote.
De repente, me dices que salgamos a la pista a bailar. Bailamos. Reímos. Rozas tus labios con los míos y nos besamos. Estoy más tranquila; me siento protegida y sé que me vas a respetar, que no soy una más y lo sabes.

Apagan la música; encienden las luces.
Las siete de la mañana.
Hemos perdido la noción del tiempo, lo que demuestra que nos hemos causado muy buena impresión en persona.
Me acompañas hasta la puerta de mi casa. Nos damos dos besos de despedida y un abrazo. Me dices que te lo has pasado muy bien conmigo y que quieres volver a verme... pero eso ya es otra historia.

jueves, 20 de enero de 2011

CUANDO PRESIENTES QUE TODO ACABA


Vives con la constancia de que tu vida será corta.
Entre risas escondes tu futuro cercano que a nadie le gustaría oír pero que sin embargo tú no puedes huir de su presencia. Comienzas a ser feliz porque presientes que muy pronto la claridad se teñirá de negro. Sabes que ésta es tu última oportunidad para dejar un recuerdo hedonista en todos ellos y borras cualquier lágrima que haya podido caer por tus mejillas tiempo atrás.
Hoy olvidas porqué permaneciste durante tanto tiempo en las tinieblas de tus lamentos, ni tan siquiera puedes explicar a qué viene este cambio tan brusco de actitud. Te preguntas por qué tu corazón se acelera cada vez que te duchas, cada vez que sales a la calle, cada vez que te acuestas, cada vez que coges el coche y penetras en una selva de leones que van a cuatro ruedas. Inquietud, tu nuevo amante que despojó a la soledad de su trono, que echó de la cama al miedo, que venció al orgullo. Ahora tienes una nueva palabra que ocupa cada terminación nerviosa de tus neuronas la cual te está produciendo un tremendo insomnio, la odias.
Pasan los días y tu felicidad se consume; Pareces que te has convertido en un ser inerte sin energía, sin motivación, sólo esperas sentado en ese frío sillón a que tu preocupación se convierta en realidad, pero ese día nunca llega. Tu desasosiego aumenta junto con tu deterioro físico, ¿qué te está pasando? Te cuidas cada vez más pero tu cuerpo ha decidido consumirse como un cigarrillo que espera en el cenicero. 
Ya no tienes don de la palabra, tu intelecto también se está viendo afectado; Enserio me tienes preocupada ¿en qué piensas que te tiene tan ensimismado? No contestas. Estás ahí, quieto, mirando la nada. No pareces triste, sólo ausente. Te levantas sin hacer el más mínimo ruido y te reflejas en el espejo. Suspiras para luego sonreír; No se puede hacer nada contra una preocupación de algo que no existe, sólo esperar a que se haga realidad o desiste.

Cuando presientes que todo acabará pronto tu vida deja de cobrar sentido.

domingo, 26 de diciembre de 2010

SÉ QUIEN SOY

Hoy tranquila y sumisa escribo palabras que denotan esperanza, valentía, sosiego, un sin fin de calificativos que forman la nueva emoción que irrumpe en mi interior. Aún no sé definirla con exactitud pues es demasiado precipitado adjudicarle una etiqueta en estos momentos y prefiero dejarme llevar sintiéndola sin miedo. Este sentimiento es tan contradictorio a todos los que he experimentado anteriormente que me hace replantear mi forma de llevar la vida, fruto de ello son las ganas de vivir que presento estos días.
No recuerdo el porqué de mi antigua tristeza, no tenía motivos fructíferos para fabricar lágrimas de cristal, sin embargo, ella se convirtió en mi mejor aliada, quizás para llenar la soledad en la que me veía envuelta o tal vez porque necesitaba sentir algo, necesitaba sentir que seguía viva en ese mundo del que me rodeé sin expectativas; pero...¡Basta de melancolías!
Me quité la venda de los ojos que me mantenía a oscuras en este lugar tan maravilloso, al fin el cubo salió del pozo para llevar el agua a la realidad y poder regar las cosas que pasaban desapercibidas ante mis propias narices.
Ahora sé quien soy y puedo ser, ahora y más que nunca quiero luchar contra esos muros de algodón que me impedían ver más allá de mis fantasías. Ahora respiro sin tragar agujas, tan simple como cerrar los ojos y disfrutar de la esencia que me da los cinco sentidos: la brisa marina en mi piel, el calor del sol en mis mejillas, el olor a jazmín, el roce de una mariposa en mi pelo y la visión de la belleza de las buenas personas. Y es así como me doy cuenta de que soy feliz, que no tenía ningún motivo por el que llorar y lo único de lo que carecía era de la capacidad de disfrutar de todo lo que tenía y podía llegar a tener, pero que a su vez no conseguía obtener debido a mi sobrevaloración de esas pequeñas desavenencias que nos dan la experiencia y la madurez como personas. Ahora siento que quiero
reír, saltar, gritar, soñar, cumplir, amar, correr, abrazar, gozar, trabajar, en definitiva, quiero aprender a vivir.

El miedo, la incertidumbre, el caos, la decepción, la tristeza, son emociones que van quedando arraigadas en mi subconsciente para dejar paso a esta nueva emoción que forjará mi camino hacia un futuro más emprendedor lleno de ambición, buenos momentos y la satisfacción de haber aprovechado mi vida.

viernes, 26 de noviembre de 2010

TU MUNDO



Y caes...
Te volviste a levantar para seguir adelante,
luchaste por esas ilusiones inalcanzables
tan imposibles que te negabas a claudicar,
porque la victoria de algo difícil te alimentaba más.

Tu tiempo...
Tan valioso que lo dejaste escapar,
tantas cosas que podrías haber hecho,
tantas vivencias reales de las que nutrirse
y al final todo quedó a medio acabar.

Tu verdad...
Cambiaste la realidad por tu mundo ideal;
quisiste imaginar que todo sería perfecto,
que de tus esfuerzos saldrían buenos frutos
pero descubriste que tu mundo era mentira.

Sin venda en los ojos...
Descubres el tinglado que has construído estos años,
quisiste huír de la falsedad por lo que forjaste una propia;
te protegiste de tu vida a través de esos sueños
que no fueron más que el reflejo de tus miedos.

Y lloras...
¡Cuánto desasosiego en tan solo un momento!
Nada ha cambiado, sigues siendo ese cubo en el pozo
que a veces subes, que otras veces bajas,
pero al final del día siempre terminas ahí, en el fondo.

La oscuridad...
Miras al cielo suplicando que te deje ser,
que te libere de engaños en los que aún crees,
pero las nubes comienzan a teñirlo de negro
y tus esperanzas desaparecen al compás del viento.

Tu batalla...
¿Por qué intentarlo una vez más si sabes el final?
Te llenas de optimismo, luchas sin rendirte, pero pierdes.
¿Este es el desenlace que te va a esperar siempre?
Entonces... para qué seguir creyendo que algún día cambiará.

Resígnate...
Va a ser así, sabes que naciste para no avanzar,
ni siquiera valoras tu existencia porque quizás no existas,
al final, detrás de una gran verdad hay siempre una gran mentira,
sigue en tu mundo de fantasías porque esto no va a mejorar.