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viernes, 29 de noviembre de 2024

BRUJA


Que me llamen bruja,
si adivino lo que piensas, si presiento que me buscas pero a la vez te alejas.
Si percibo desde aquí el aroma de tu crema y los susurros en mi oído de tu último poema.

Que me llamen bruja,
por ser un alma vieja, por visitarte en tus sueños, mirarte en silencio y envolverme en tus caderas.
Por secuestrar tus pensamientos, hacerme dueña de ellos y llenar de mágicos recuerdos tu cabeza.

Que me llamen bruja,
si escucho cómo me llamas a través del tiempo y la distancia, sintiendo el cosquilleo de tu suave aliento en mi oreja.
Si cada vez que me miro en el espejo veo el reflejo de tus ojos pardos y tu tez morena.

¡Y que me llamen bruja!
Por manifestarme en cada uno de tus días, por convertirme en una prolongación de tu rabia, tu anhelo, tus deseos y tu tristeza.
Tú, me puedes llamar bruja, pues de mi blanca energía y mis rituales te estoy haciendo presa.

miércoles, 17 de julio de 2024

AQUÍ ESTOY

Me perdí en el tiempo; entre los retales de tu recuerdo y el futuro más incierto.

Deambulé durante siglos por una oscuridad sibilina con la esperanza de encontrarte de nuevo, con el deseo de volver a reflejarme en aquellos ojos negros.

Viajé a través de diferentes épocas, salté continentes, me fui de nuestra madre Tierra, recorrí galaxias y, pese a mi empeño, no te encontré, estabas demasiado lejos.

Agotada, caí derrumbada, me rendí en un universo desconocido, sin aliento, sin fuerzas, sola ante el silencio y el miedo.

Te busqué durante un largo período a través de diferentes cuerpos, distintas vidas, dispares pensamientos, pero aquí me hallo aún, echando raíces en este lugar tan bello; volviéndome más sabia, sin dolor ni remordimiento, recopilando historias y dejando atrás el sufrimiento.

Me perdí en el tiempo, lugar y momento.
Decidí cesar mi búsqueda. Sentada aquí te espero. Más humana. Más madura. Más empática. Más mágica. Llena de valores y sueños. Más yo. Aquí estoy, preparada para que vengas a mi encuentro.

JUGUEMOS


Juguemos a fingir que tú no me piensas y yo no te sueño.
Fijamos que tú no recuerdas mi cuerpo ni yo tus ricos besos.
Hagamos como si no nos importáramos, como si nada hubiera pasado.

Disimulemos. Que no se note que aún nos tenemos deseo, 
que no se note que nos extrañamos desde lejos.
Juguemos. Olvidemos que un día nos admiramos, 
que parezca que fuimos algo efímero y mundano.

Finjamos. Ocultemos que nos tenemos en el recuerdo, 
que parezca que no nos duele, que no queremos otro encuentro.
Callémonos. Que el silencio sea nuestro verdugo y el vacío el dolor más intenso.
Juguemos a que tú no me sueñas y yo no te pienso.

Juguemos.

miércoles, 10 de julio de 2024

PERDIDA

Me perdí en el tiempo, no te encuentro.
Viajé hasta aquí, hasta el futuro más incierto.

Intenté adaptarme a una época equivocada, a una sociedad con la que no conecto.
Te busqué en hombres y mujeres, en miradas vacías, en efímeros encuentros.

Y, no te hallé, sólo obtuve experiencia y una personalidad de hielo.
Ahora heme aquí, resignada a no hallarte, a olvidarte, ahogándome en la desidia, fracasando en el intento.

Me perdí en el tiempo, no te encuentro.

lunes, 31 de julio de 2023

AQUÍ DENTRO

 

Esto es lo que tengo dentro de mí; un vacío enorme por donde el aire se cuela, los rayos del sol desaparecen y la oscuridad se hace eterna.  Un hueco donde caen las falsas promesas, los besos que me dieron y donde van a parar las noches en vela.

Dentro de mí ya no hay belleza, sólo queda el eco casi inaudible de esa niña llena de aspiraciones que acabó siendo una mujer rodeada de maleza. Me perdí entre tanta mala hierba. En mi cabeza sólo se repiten los mismos pensamientos de mierda, sólo tengo basura en ella.

Esto es lo que me rodea; una burbuja de acero tan espesa que cada mañana se me hace eterna, donde las sábanas de mi cama se fusionan con mi tristeza y mi almohada es testigo de mi apática soberbia. Voy a ralentí. No llego a la meta. Cada centímetro que avanzo desgasto mis suelas, siento mis pies tan doloridos que me escuecen hasta las venas.

Esto es lo que tengo dentro de mí; un vacío enorme por donde el aire se cuela, donde ya no existe la belleza y donde una burbuja espesa mantiene mi alma presa.

jueves, 13 de agosto de 2020

RETALES


Entregó su alma a quien no debía, pero era demasiado tarde para enmendar su error. Las cicatrices tatuaban cada centímetro de su piel, ya no había cabida para nuevas heridas, ni un resquicio donde colocar más tiritas. Ya no le dolían, tan sólo el recordarlas la entristecía. 
Cada reproche, cada insulto, cada mentira. Cada promesa, cada beso, cada “eres mía”. Aquella vez que recibió un guantazo porque decía que se lo merecía; que ni era tan buena ni tan bella, que de nada servía. Quién la iba a aguantar. Quién se iba a fijar en ella si pasaba desapercibida. Se había convertido en su perra. Su esclava. Su segundo plato cuando le apetecía. 
Ya no había vida en su mirada, nada la motivaba. Guardada como un retal la mantenía escondida, y sin embargo, no la dejaba ir. Se sentía usada, humillada. 
Ya no recordaba aquellos maravillosos momentos en los que la hacía sentir especial, querida. No reconocía a la persona de la que se enamoró en su día. Se sentía apagada, perdida. 
Con la cadena aun apretándole su débil cuello observó cómo a otra su amor prometía. Delante de ella, entre risas, mientras se atragantaba con sus propias lágrimas inicuas. 
Sé feliz con mi felicidad. Deja de llorar y de gritar, si tanto me amas deberías alegrarte por mí, le decía. 
Y así murió su mayor error, ese monstruo que no conocía. Recuperó su alma y su sonrisa. Y aunque no logró enmendar su error, le sirvió para no enamorarse de retales de fantasías, porque cuando las promesas no se cumplen se convierten en mentiras.

miércoles, 9 de mayo de 2018

MÁTAME LAS GANAS


Clávame las uñas pero con rabia, que se noten tus ganas de arrancarme la piel y tatuarme hasta el alma. Muérdeme el cuello hasta que no quede gota de mí, que mis venas queden secas y con más ansias de ti. Lame hasta mis entrañas, pero con paciencia y muchas ganas, que esta noche se nos agote hasta el habla. Grita sin miedo, escupe todo lo que llevas dentro. Átame. Oblígame. Pégame. Esclavízame. Asfíxiame. Destruye mis fantasías. Párteme en mil pedazos y reconstruye mis piezas a base de latigazos. Secuestra mi mente. Adora mi cuerpo. Hazme tuya penetrando mis deseos. Come de mi fuente. Bebe de mis pecados. Respira de mi boca y atragántate con mis orgasmos. Aúlla como un lobo. Trátame como una perra. Saca tus instintos más lascivos, esos que hasta aterran. Haz todo de mí. Déjame tus marcas, que esta noche no tenga fin. Hazlo, pero hazlo pronto. No me pidas permiso, tan sólo domíname. Desgástame. Agótame. Mátame ya estas ganas que tengo de ti.

domingo, 19 de febrero de 2017

HUELLAS


Tus huellas son mis pasos y mi camino tu destino. Entre tanta soledad nos hacemos compañía sin límites ni prejuicios. Eres el reflejo de mis ojos y mi alma tu espejo cristalino. Tu trayecto es el mío y mi cuerpo tu vehículo. Navegamos entre nubes de algodón sin un objetivo predefinido, tan sólo avanzamos a través de un abismo construido por inicuos individuos. Tus manos son mi refugio y mi perfume tu alivio. Entre tanta falsedad nos abrazamos sin testigos, sin bocas tóxicas, sin miradas asesinas y sin enmascarados enemigos. Tan sólo tú y yo ahogándonos en lo más profundo del olvido. Tus burbujas son mi oxígeno y mi pecho tu navío. Nadamos a contracorriente escapando de oscuros seres marinos; que escupen fuego, lanzan espinas, arañan ideas y desgarran la vida. Ellos quieren todo lo que somos, destruir nuestro hilo y suplantar nuestra identidad con sigilo. No saben que tu cuerpo es mi coraza y mi corazón tu arma de doble filo. Entre tanto ruido encontramos el silencio componiendo nuestro propio sonido, pues ya nada ni nadie pueden romper nuestro vínculo. Somos dos almas unidas por un mismo fin; escapar de este hedor anodino que desprende este mundo reprimido.  Tus huellas son mis pasos y mi camino tu destino. Eres mi reflejo y yo tu espejo dolorido.

domingo, 15 de enero de 2017

ERES TÚ


A veces sueño rozarte con mis dedos, embriagarte con mi aroma y empaparte con mis besos, pero cuando despierto no eres tú en quien pienso. Mientras duermo soy tuya, te introduces en mis pensamientos y me haces el amor a fuego lento. Una vez desvelada no es a ti a quien tengo. Me giro en la cama y hay otro sujeto; menos tierno, más irritante, menos comprensivo, más violento, y sin embargo, es a él a quien prefiero. Desearía que fueras tú quien me despertase por las mañanas con dulces besos, pero tengo miedo de perderte si te digo que te quiero. Eres tú quien me conquista con bonitos versos. Eres tú quien me seca las lágrimas con los pañuelos más bellos. Eres tú quien me deja cada día los mejores recuerdos, y aun así es a él a quien regalo mi cuerpo. Tú me entregas tu tiempo cuando él me deja el corazón maltrecho. Tú me haces feliz, eso es un hecho. Me sacas una carcajada cuando menos lo espero. Y es que es a ti a quien entrego mis mayores secretos; me escuchas, me comprendes y me apoyas con esmero. Por eso te alejo de mí, porque no hay amor más sincero que el saber que eres tú y callarme mis te quieros para no perderte y echarte de menos.

domingo, 16 de marzo de 2014

A MI AMADO

A LA ATT. DE AQUÉL QUE ME LO ARREBATÓ TODO 
C/ Santa Victoria, 
Nº 33, Bloque 7, S/N 

A ti, que me lo prometiste todo y me arrebataste el alma. 

Me partiste el corazón en mil pedazos. Escupiste a mi confianza e insultaste mi inteligencia. Me llamaste egoísta y reprochaste mi independencia. Querías una mujer sumisa que obedeciera todas tus órdenes dentro y fuera de la cama. Me tratabas como si fuese una marioneta a la cuál controlar en cada momento, una muñeca frágil que no tiene ni voz ni voto. Deseabas anularme por completo y hacerme sentir que sin ti no valía nada, que después de ti sólo encontraría soledad e ignorancia, que no sería capaz de ser amada por otra persona. Según tú, quién iba a fijarse en mí, en una mujer que no valía ni para ser intercambiada por un camello. Me hiciste sentir la persona más desdichada. Tus crueles palabras lograron que dudara de mis capacidades anulando cualquier resquicio de autoestima aguantaba arraigada en lo más profundo de mi alma. Te sentías orgulloso del poder que ejercías sobre mí, sin embrago, te frustraba que no hiciera nada, que permaneciera callada en aquella butaca. 
Llegué a tener miedo de llevarte la contraria, o incluso de intervenir en las conversaciones que surgían en nuestro grupo de amigos. Sólo podía opinar cuando estaba segura de que la respuesta sería la correcta para ti, pero nunca lo era. Todo lo hacía mal. No importaba la decisión que tomase; hiciese que lo hiciese te hacía enfadar. Si te llamaba decías que te agobiaba, pero si optaba por no llamarte decías que me estaba alejando de ti. Si te felicitaba en San Valentín decías que no te hacía sentir especial porque todo el mundo celebraba ese día tan comercial, y si no te felicitaba decías que no tenía vergüenza. Si te regalaba algo por tu cumpleaños no lo apreciabas porque decías que un detalle no se da únicamente por cumplir años, sin embargo, si no te regalaba nada me lo echabas en cara porque pensabas que me había olvidado. Si es que daba igual, yo en sí te hacía enfurecer. Llegué a creer que era mi culpa, que sólo pensaba en mí y que por ello no me daba cuenta de mis errores, que quizás estaba rodeada por un halo de egoísmo que no me permitía ver lo que estaba haciendo mal en nuestra relación. Llegué a pensar que tenías razón, que después de ti ningún hombre me iba a amar, porque quién se iba a fijar en una persona avara que carece de cualquier habilidad y/ o aptitud de la cuál enorgullecerse. ¡Nadie iba a querer estar conmigo! Es por eso que aguanté todos tus improperios, cada una de tus patadas, cada mordisco en la espalda, cada empujón contra la pared, en resumidas cuentas, todas las vejaciones a las que me sometiste. 

Ahora heme aquí, arrodillada ante ti implorando perdón, inundando de lágrimas este frío salón que ha sido testigo de las eternas palizas que mi cuerpo y mi alma han sufrido a manos de mi amado, a manos de la persona que me encandiló con cartas de amor, a manos del hombre que me arrebató la inocencia. A manos de ti. 
Y tengo miedo, jamás pensé que llegaría hasta esta situación. Yo, que siempre fui una persona dulce que soñaba con su príncipe azul. Tú, que llegaste a mi vida prometiéndome la luna. Nada hacía prever este trágico final. Yo no quería, pero tú me obligaste. Y aquí me hallo, liberada de tu mandato, liberada del calvario al que me has sometido durante estos veinte largos años. 

Tuve que hacerlo; mi cuerpo no aguantaba más cicatrices y mi alma no soportaba romperse en más pedazos. Era tú o yo, el mal o el bien, y esta vez decidí. Escogí por primera vez una opción egoísta, puse por delante mi bienestar. Puse fin a tu vida. A veces no somos conscientes de que nuestra existencia pende de un hilo; un día puedes estar haciendo la labor más insignificante y a los cinco segundos morir sin más. Te pillé distraído gozando con otra, fue la gota que colmó el vaso. Y la plancha estaba ahí, esperando a ser utilizada... De repente, todo se tornó de rojo y el silencio invadió la habitación. Y sí, ahora me arrodillo ante tu efigie sin aliento e imploro el perdón de Dios, porque aunque me encierren entre rejas seré libre como persona. 

A ti, que fuiste mi amado, hoy te digo adiós. 
Fdo: Victoria

lunes, 9 de diciembre de 2013

TÚ


A LA ATT. DE POSITIVA DIMENSIÓN Mijas Costa, ADL
Málaga (España)

En Mijas Costa, a lunes 9 de diciembre de 2013.

No pretendo analizarte, aunque te encantaría. Te encantaría decirme que no acerté en nada, que sigues siendo esa persona impredecible, inalterable y misteriosa de la que todos hablan.
La incapacidad de aquellos que temían desafiarte te hacían sentir fuerte, impasible. Disfrutaste en todo momento de tu invulnerabilidad. Te alimentaste de la debilidad de tus renegados y adornaste tu vida con vanidad, sin embargo, las consecuencias de tu comportamiento te producía un gran vacío a largo plazo. Nadie era capaz de pulir ese diamante en bruto que permanecía incrustado bajo capas y capas de hormigón. Quisiste impedir tu caída al abismo enfundándote en una armadura, por lo creaste tu propia filosofía hedonista olvidando tu verdadero anhelo, la llegada de ese día en el que derriben el escudo que te protege en todas las batallas. Día tras día te enfrentabas a mentes demasiado simples, predecibles, monótonas, humanas al fin y al cabo, de las cuales no te suponía ningún esfuerzo salir airosa. No cambiabas de estrategia para solventar los conflictos y reías de tus hazañas poco enriquecedoras.

Tú, que tan segura estabas de ti misma ahora comienzas a dudar. Recuerdas porqué te enterraste viva en lo más profundo de aquella roca; huías de los verdaderos retos que te nutrían, los más dolorosos, esos mismos que de forma inconsciente, o no, echas de menos. 
No eres tan fuerte como piensas, no eres tan diferente como creen; compartes ese estado emocional que todos tenemos, miedo. Miedo a conocer algo más complejo que esos rumiantes a los que estás acostumbrada, miedo a no saber cambiar de táctica y que consigan despojarte de toda esa armadura que llevas incrustada en tus entrañas.  Temes perder tu orgullo y valentía, temes volver a ser débil.

Hasta hoy permanecías impune a la espera de una mente que lograra desnudar tus pensamientos, un ser inteligente que rozara suavemente tus más íntimos deseos.
Como una suave brisa que consigue penetrar por las ranuras de tu yelmo llegué yo, inesperada, activadora de tus miedos, dispuesta a desmontar tus sueños, tus barreras, vencerte en tu propio juego. Ahora no sabes defenderte, pero tampoco haces nada por vencerme. Estás perdiendo esta partida, y ebria de confusión dejas entrever tus cartas. Quieres respirar sin tener que tragar espinas envenenadas.

Tú, que anhelas ser libre. Yo, que encontré la llave para liberarte. Tu cuerpo se estremece. Sabes que ha llegado el momento. Te plantas frente al espejo. Te observas. Te analizas. Sueltas un par de lagrimitas de felicidad y gritas: ¡Sí, por fin soy capaz de amarme a mí misma! Sales por la puerta de casa con una gran sonrisa, y por primera vez en tu vida paseas acompañada de la mano de tu autoestima.

Positiva Dimensión

miércoles, 8 de mayo de 2013

UN MARIDO FIEL

A la atención de Mª Azucena Ramírez 
C/ Garcilaso de la Vega, nº 2 
CP/ 45002, Toledo 

Querida Azucena, hoy te escribo con lágrimas en los ojos para anunciarte que debemos anular nuestro compromiso como pareja, no así como grandes amigos.

Siempre fui un fiel creyente y defensor de la monogamia; rehusaba de cualquier tentación carnal fuera del matrimonio y juzgaba a todo aquel que caía en el pecado de la infidelidad. Desconocía los motivos que inducían al adulterio, aunque tampoco me interesaba conocerlos ya que no concebía base empírica para dicho engaño.
Mi idiosincrasia se desmoronó cuando una mañana vino a mi consulta psicológica un paciente de personalidad imperiosa que mostraba una conducta obsesiva y/ o exacerbada hacia el sexo, que bien podía ser satiriasis. Durante la hora y media que duró la entrevista los fundamentos de mi cliente lograron nublarme la cabeza; ¿por qué reprimir los impulsos sexuales cuando es parte de nuestra naturaleza? ¿Quién me obliga a acostarme únicamente con mi esposa? ¿Debo probar otros platos del menú? ¿Por qué no llevar a la práctica mis deseos más íntimos?
Aquel día no pude pensar en otra cosa, llegando al punto de mostrar interés por otras mujeres. Comencé a ver a mi secretaria desde una perspectiva diferente; aquella falda entubada dejaba entrever su silueta de infarto, me apetecía sentir sus voluptuosos senos presionar mi pecho. Su mirada, sus labios carnosos y su perfume llamaban a mi puerta, deseaba hacerla mía. Cuando llegué a casa me fijé en la hermosa doncella que teníamos, jamás le había prestado atención; su tez morena acompañada con esa voz melosa encendía todos mis sentidos, ¿por qué no mancillarla sobre la mesa de la cocina? Salí a la calle para airear mis ideas, pero todo fue en vano. Bellas damas contoneaban sus encantos mientras yo permanecía sentado en un banco absorto ante la larga cola de pretendientas que podía llegar a tener. Por momentos me sentí tentado de visitar el burdel de la capital, sólo por curiosidad, pero mi estricta moralidad me llevó a regresar junto a ti, mi ferviente y amada esposa.

Amor, quiero que sepas que te he respetado vehemente durante estos catorce años de casados; solo he tenido ojos para ti y nuestros seis hijos así lo demuestra, no obstante, dejé pasar algo por alto; mi frívola y auténtica naturaleza. Siempre he mantenido una relación cordial a la vez que distante con nuestras amistades femeninas, este apego evitativo podría pasar desapercibido si no fuese porque se debe a mi temor de romper el séptimo mandamiento, es decir, no soy fiel porque así lo desee, lo soy porque me lo han impuesto mis creencias. No quiero negar lo evidente; es un hecho que te ame con locura, pero también es una realidad que quiera probar las dulces mieles con las que me deleita la vida, la carne es débil y más siendo hombre.

Pese a la frialdad que falsamente puedan reflejar mis palabras, me ha resultado tremendamente doloroso tomar esta dura decisión. No es fácil alejarse de tu alma gemela, no es fácil desprenderse de una parte de tu ser, sin embargo, te amo demasiado como para hacerte daño; sé que tarde o temprano sucumbiré a las delicias de alguna meretriz de la alta estulticia y no quiero llenar nuestro matrimonio de mentiras e infidelidades, no te mereces eso. Deseo que ambos exploremos otros rincones que nos aporten sabiduría y bienestar, solo se vive una vez y no debemos aferrarnos a la tediosa y vacua monotonía.

Acabo esta carta pidiéndote disculpas por mi desfachatez y por el sufrimiento ocasionado. Sólo puedo decir a mi favor que, aunque no comprendas mi postura, lo hago por ti; deseo tu completo bienestar y yo, en estos momentos, no te lo puedo proporcionar. Quiero que seas feliz.

De Talavera para Toledo, a 14 de febrero de 1952.

Espero y deseo que esta confesión no rompa nuestra estrecha amistad. 
Te ama por siempre.

Fdo: Un marido fiel.

lunes, 15 de octubre de 2012

CIERRA LOS OJOS

 Consuelo Eterno
C/ Esperanza, nº 2
CP/ 25120

En Los Ángeles a 1 de noviembre de 1994

Hoy te escribo antes de partir, hoy que aún me quedan fuerzas para despedirme de ti.

Me enamoré nada más verte, eso ha sido obvio durante todos estos años.
Tus grandes ojos azules me hechizaron y tu tez blanca como la perla sedujo mis entrañas. El destino decidió que fueses para mí y te alojó en mis brazos. Eras tan hermoso y tan puro que no pude apartar la mirada de ti, no pude ignorar el bello cosquilleo que avivabas en mi vientre. Tu olor, tu tacto y timbre de tu voz provocaron que decidiera hacerte mío sin tan siquiera titubear. Sí, lo tenía muy claro, no podía dejar pasar esa oportunidad que me regalaba la vida para ser feliz y sentirme completa.
    
Han sido muchos años los que hemos pasamos juntos. Han sido decenas de lágrimas, cientos de sonrisas y mil anécdotas. Hemos compartido el mismo amanecer, el mismo anochecer, e incluso la misma cama. Caminamos durante un largo tiempo por el mismo sendero, nuestros caminos nunca se desviaban.
Crecimos juntos. Tú me aportabas conocimientos nuevos y yo te respondía con mi sabiduría. Paseaba por la calle agarrada de tu mano. Comíamos juntos. Íbamos al cine. Dormíamos abrazados en el sofá dándonos calor en las noches más frías. Te cuidaba cuando caías enfermo y me mimabas cuando veías que mis fuerzas se debilitaban. Éramos dos en uno. Yo era tu hombro sobre el que llorar y tú eras mi razón de vivir. Como el sol a la mañana nos necesitábamos para vivir. Éramos luna y noche, sol y día, lluvia y río, alumno y maestro, dos pilares que necesitan el uno del otro para existir.
Tus caricias, tu aroma, tu llanto, tus ruiditos cuando dormías y tu personalidad, me hacían despertar con gran tesón y siempre deseaba volver pronto a casa para deleitarme con tu agradable compañía. Eras y eres único, especial, mi segunda mitad, sólo y por siempre mío.

Los años pasaban y todo parecía ir sobre ruedas pero olvidamos algo muy importante, el tiempo no perdona a nadie, la inmortalidad no existe.
Hemos tentado a la suerte, mi reloj está a punto de marcar sus últimas horas y sigo agarrada de tu mano, no quiero soltarla, no quieres soltarme. Ojalá pudiera parar el tiempo y hacer de este momento algo eterno, pero lamentablemente no puedo ir en contra de la naturaleza, hoy he de decirte adiós, quizás hasta pronto. 
Sin apenas darnos cuenta mi tiempo aquí ha finalizado. Es ley de vida que tú vivas y yo muera. Envejecí a tu lado, te enseñé todo lo que estuvo en mi mano para que te hicieras un hombre fuerte y honrado. Mi cuerpo arrugado y marchito me suplica descansar. He de marcharme y dejar que sigas avanzando solo.
Terminé el libro de mi vida, pues ya no me quedan más páginas que rellenar, lo acabé contigo. Sin embargo, tú aún tienes páginas suficientes para seguir escribiendo tu historia, aún tienes tiempo para enamorarte por segunda vez y la obligación de trasmitir tu sabiduría a otro pequeño ser puro de tez blanca y grandes ojos azules. Aún te queda sentir las mariposas en el vientre al ver nacer a tu hijo, cogerlo en los brazos y sentir que es tuyo, sólo y por siempre tuyo. Te queda mucho por vivir hijo mío, te quedan muchas anécdotas que compartir.

Te ruego que no llores cuando mi cuerpo no esté presente. No llores cuando mi alma se vaya lejos. No pienses de qué forma me abrazarás cuando no puedas tocarme. No imagines de qué forma me oirás cuando mis palabras no surquen tus vientos. No sufras por echarme de menos. Sonríe por el hecho de haber compartido toda una vida a mi lado y sonríe por haber llenado tu mente de mis recuerdos.  Valora todo lo que has vivido junto a mí y nunca tendrás que añorarme, valora hasta nuestros últimos días juntos y siempre estaré a tu lado, protegiéndote y velando por ti.
Las personas buenas y amadas no se van, no se pierden, no se echan de menos ya que siempre están y estarán ahí, en tu memoria, en tus pensamientos y en tu corazón. Querido hijo, cuando me necesites cierra los ojos y volverás a estar conmigo.

Siempre serás mi niño.
Te ama, mamá.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

QUERIDA CRISTINA


Soledad Sin Calzada
C/ San Vacío, nº Ninguno
CP/ 13666
En San Francisco, a 7 de Agosto de 1969


Querida Cristina, qué decir que ya no sepas, porque allí estabas tú.

Sola, así era como pasaba las horas antes de conocerte. 
En un banco del parque desayunaba todas las mañanas acompañada por el cantar de los pájaros y el murmullo de la gente que pasaba por mi lado con cara desencajada. Allí estabas tú, pero yo inmersa en mis fantasías no notaba tu presencia; mi manía persecutoria te borraba de mi foco perceptivo. Voces que decían, voces que criticaban, voces y más voces que me dañaban. ¡Maldita sea! ¿Por qué no se callan? Más gente y a su vez más voces. No conseguía verte, el zumbido de un mosquito me distraía y el llanto de un niño me irritaba. ¿Por qué no se calla? 
Sonó la campana. Agitada me levanté, me dirigí a clase y allí estabas tú, sentada, mirándome fijamente, parecías llamarme con tu silencio, y así fue. Me senté a tu lado alejadas del resto de la clase. ¡Qué agradable! Al fin alguien que no decía, que no murmuraba, que no criticaba. Te miré. Me miraste. Te sonreí. Me sonreíste. Agachando la mirada sonrojada sentí tu aliento recorrer todo mi ser. Hasta ese momento no recuerdo una sensación tan hermosa como tu resuello en mi cuello; una brisa fresca que me llenaba de energía y paz interior. A partir de ese día nos hicimos inseparables, tú, yo y mis historias inalcanzables. Ya no volví a desayunar sola en aquel parque. Estaba contigo acompañada por las voces de esos primates; voces que decían, voces que criticaban, voces que reían pero ¿por qué no se callan? Y ahí estabas tú. Me hacías olvidar aquellos sonidos virulentos que penetraban en mis sentidos. Me rozabas la mano y erizando toda mi piel calmabas mi ser más inicuo, ese que estaba deseando salir para cometer el mayor de los pecados.

Pasamos largas horas en casa frente al espejo. Me peinabas. Te peinaba. Me sonreías. Te sonreía. Siempre estabas ahí cuando lo necesitaba. Eras la única que me escuchaba, que me entendía, que me aconsejaba.
Dibujábamos paisajes en las paredes mientras las voces de mis padres decían, murmuraban, gritaban. “¿Qué estás haciendo?” “¡Para!” No necesitaba a nadie más, ni siquiera a mi familia, todos representaban un incordio. ¿Por qué no me dejaban ser feliz a tu lado?
Quisieron separarme de ti. Pensaban que estaba loca, que por hablar contigo había perdido toda la cordura. Aún así nos veíamos de vez en cuando pero nuestros encuentros se iban reduciendo a medida que pasaba el tiempo, esas pastillas del diablo me hacían olvidar todo tu recuerdo. No lograba recordar donde quedábamos, a qué hora te veía, a qué hora nos despedíamos. 
Dejamos de vernos. ¿Qué pasó? ¿Dónde estás? Te echo de menos.

Estoy entre cuatro paredes blancas, otra vez sola.
¿Cuándo fue la última vez que estuvimos juntas? No lo sé, no lo recuerdo.
¿Y mi familia? ¿Por qué no sé nada de ellos? ¿Qué está sucediendo?
Voces extrañas procedentes de gente con bata blanca hablan, murmuran. Dicen que presento ideas delirantes, alteración de la percepción, distorsión del pensamiento, aislamiento, negación de la realidad y abulia; diagnóstico, esquizofrenia paranoide. 
Hace poco me regalaron un espejo por mi buen comportamiento y... te vi, ¡eras mi reflejo! ¡Sabía que no me abandonarías! Ahora cada mañana al despertar me dirijo al gran cristal que hay colgado en la pared para poder estar contigo. Me pongo justo enfrente y ahí estás. Te miro. Me miras. Te sonrío. Me sonríes. Agacho la mirada sonrojada y recibo un hálito de aire en mi cuello que me alegra la mañana. Estoy feliz porque sé que existes, yo te veo pero nadie lo admite. Quizás andan más preocupados en las voces que dicen, que critican, que murmuran al igual que hacía yo antes.
He dejado de tomar esos caramelos de colores que me borraban tu recuerdo. Ahora soy feliz porque estás aquí, callada, sin decir nada.
Porque creo y creeré en ti.

Soledad Sin.

miércoles, 18 de julio de 2012

NUBES DE ALGODÓN

Ahora estoy aquí esperando alcanzar tu mirada, contando las horas que faltan para rozar el suave aroma que embriaga tu cuerpo, esa esencia que me hace olvidar todo lo demás cuando estoy junto a ti. Y sigo aquí ensimismado por tu recuerdo, reviviendo momentos que parecían ser eternos; vivía y sigo viviendo en tu universo.
Hoy camino entre nubes de algodón con dirección a tu corazón. Estoy nervioso, inquieto, no sé qué sucederá a partir de hoy. Escucho cada latido a medida que voy acercándome a tu destino testigo de la unión que se forjará esta noche entre nuestras almas a la orilla del mar. Solos tú y yo. Sólo sinceridad y amor. Ahí estás cuál ángel caído del cielo sin alas con las que poder volar, sin aureola que te proteja de todo mal. Aquí estoy yo regalándote mi felicidad aunque por ello tenga que prescindir de ella, pero sé que tú bienestar será el mío cuando toda esta guerra absurda acabe y entregues tus armas a un nuevo desafío, mi persona. No tengas miedo a lo desconocido, no tengo nada que pueda hacerte daño.
Lo siento si te besé y no debía. Siento si desmonté todo tu mundo cuando considerabas que no era oportuno, pero mis manos sanearán todas tus heridas, mis labios iluminarán tu camino y mi cuerpo protegerá tu esencia malherida. 
Ha llegado la hora de dejarte marchar y despedirme hasta la próxima vez que me necesites, que sientas la necesidad de compartir tu tiempo con alguien que sólo busca un poco de atención, comprensión y cariño. Y te digo adiós, quizás hasta pronto, pero regreso a mi hogar a través de esas nubes de algodón que un día hicieron que nuestros caminos se cruzasen. 
Me siento bien. Hoy soñaré.

miércoles, 1 de junio de 2011

MIEDO

¿Sabes? Me da miedo conocerte, que me conozcas, que tenga ganas de besarte, que no quieras. Me da miedo que me beses y que me guste, sentirte, que me sientas. Me da miedo disfrutar contigo, querer ver tu sonrisa cada día, despertar con tus caricias y embriagarme con tu dulce aroma. Tú me das miedo en sí. Me aterra reflejarme en tus ojos, perderme en el negro de tus pupilas y no saber decir lo adecuado antes de que te vayas y yo me quede, ver como subes a ese avión sin tan siquiera haber intentado retenerte, convencerte. Tan sólo bastaría una palabra convincente para demostrarte que todo te lo puedo dar si te quedas. Sin embargo, te dejo marchar, no considero que valga tanto la pena para cambiar el destino que tenías preparado, no valgo tanto para desmontar tu vida en tan sólo siete días. No tengo nada mejor que ofrecerte. No quiero acabar haciéndote daño si te quedas. Nos despedimos tristemente y te vas alejando. Te pierdo de vista. Deseo gritarte, gritarte que te quedes conmigo, pero no lo hago. Me quedaré con la duda para siempre de qué hubiera pasado. Quizás hubieses dado media vuelta con tus maletas y llorando de alegría me hubieses abrazado, o tal vez hubieses seguido tu destino como ahora.
Te imagino subida en el avión mirando por la ventana con ojos melancólicos, recordando esos días de sol, mar, risas, besos y caricias, esperando hasta el último instante verme correr por el pasillo para impedir que te vayas en ese vuelo, pero eso no sucede. Cierran las compuertas. Despega el avión y te vas, te vas igual que viniste.
Desde esta jaula con barrotes de cristal veo volar a ese pájaro metálico que te lleva sentada entre sus tripas, que te aleja de mí, que me hace suspirar, que me hace arrepentirme por no arriesgar. ¡Maldita sea! ¡Por qué no fui capaz de pedirte que te quedases! Dejé de ver el avión. Te marchaste de verdad. Me doy media vuelta y comienzo a llorar. Camino con desazón para salir de aquel baúl que encierra mi último recuerdo más triste, verte marchar, arrepentirme de nuevo cuando ya no puedo rectificar.
Mi mundo está lleno de arrepentimientos, de contrafácticos. Os preguntaréis porqué nunca arriesgo cuando no tengo nada que perder, pero no lo sé ni yo, quizás sea miedo. Miedo a sentir demasiado y perder mucho más. Miedo a obtener una respuesta negativa y no saber cómo reaccionar. Miedo a que me vean llorar por primera vez y tirar por la borda todos mis años de frialdad. Quizás prefiera permanecer helado antes que morir derrotado por lanzas que atraviesan mi corazón descongelado.

Miedo, le llaman a preferir perder antes que luchar y vencer. Miedo es mi único pecado.

sábado, 7 de mayo de 2011

Y DECIRTE TE AMO


A LA ATT. DE ARTURO GAVILÁN 
C/ San Valentín, nº 14
 29647 | Málaga 

 Querido Arturo, dicen que nunca es tarde para decir lo que sientes. 

¿Recuerdas cuando nos conocimos? Apenas teníamos siete años. Te vi en el patio del recreo sentado solo en aquel columpio viejo y oxidado; no te balanceabas, permanecías inerte; tenías una mirada perdida, quizás pensativa, tan profunda que llamó mi atención y no pude evadir ese sentimiento de empatía. Me acerqué por curiosidad y me senté a tu lado sin pronunciar palabra. Una sonrisa recíproca y sincera bastó para crear un vínculo de amistad inmediato que nunca se rompería, una complicidad inexplicable que escapaba a nuestro propio entender y aún sigue escapándose. 
Con el paso del tiempo forjamos un lazo afectivo irrompible, éramos dos en uno, no nos hacía falta hablar para saber lo que pensábamos, con una mirada lo decíamos todo. 
Los años pasaban y nuestros cuerpos y mentes maduraban. Tú, sumergido en innumerables relaciones esporádicas que no acababan de cuajar, no te llenaban y no sabías el por qué; yo, retraída en mi mundo de celos por ti, me gustabas y tenía que conformarme con ser el hombro en el que llorabas tras tus numerosas rupturas. 
Sabes, pasó toda nuestra adolescencia y no te hice ver que te amaba, pues tenía miedo de besarte y que me rechazaras, que me besases y me gustara, tenía miedo de querer más de ti y que te alejaras, que se acabara nuestra conexión y desaparecieras de mi vida. Seguían pasando los inviernos y mantenía reprimidos mis sentimientos hacia ti. A veces imaginaba que te sucedía lo mismo que a mí, que no dabas un paso adelante en nuestra relación por miedo a estropearla y perderme como amiga, que eludías los besos en la comisura por miedo a desviarlos hacia mis labios. Sí, eso creía y deseaba. 

Hace un par de días me levanté de la cama eufórica. Tenía la necesidad de gritar a los cuatro vientos que estaba enamorada de ti, además, se acercaba San Valentín y ambos estábamos solteros y sin compromiso. No lo pensé dos veces; cogí el teléfono y te llamé con la excusa de cenar juntos el 14 de febrero para celebrar los veinte años de nuestra bonita amistad, una mentira piadosa para pasar contigo ese romántico día y decirte “te amo”. 

Y por fin llegó el día. Mis nervios comenzaron a aflorar sólo de pensar en esa cena tan especial, tú y yo solos con la única compañía de las velas y la luna llena. Llegó el momento. Entusiasmada saqué toda mi ropa del armario para decidir qué galas iba a lucir. No te rías de mí, pero me sentía como una niña a la espera de su primer encuentro amoroso, con ese brillo especial en los ojos y los nervios a flor de piel. 
Cayó la noche y por fin escogí lo qué llevaría puesto para nuestra primera cita; un vestido ajustado de color rojo, unos tacones de salón, un reloj dorado y una americana beige. Estaba ansiosa por escuchar el timbre que anunciaría tu llegada... De repente sonó el teléfono, ese maldito teléfono. 

He aquí el que iba a ser mi gran día, vestida de luto y con el lápiz de ojos corrido. Ese conductor borracho no frenó a tiempo, dice que no te vio. He tenido que presenciar cómo desaparecías entre la tierra y el mármol, cómo te arrebataban de mi lado y cómo perdía una parte de mi esencia para darme cuenta de que dejé pasar demasiado tiempo. Sobre tu tumba yace inmóvil mi alma arraigada en tu recuerdo. Apenas me quedan fuerzas para escribir estas últimas palabras de despedida, las pastillas me están haciendo efecto y a duras penas puedo mantener el bolígrafo sobre el papel. Mis ojos se cierran poco a poco y mi cuerpo desvanece lentamente en el frío mármol que oculta tu efigie. Ha llegado la hora, pronto volveré a estar junto a ti y al fin podré decirte “te amo”. Porque ni la fría muerte logrará separarnos. 

Tu amada amiga.

domingo, 24 de abril de 2011

AMOR VERDADERO


Estoy aquí rodeada de maleza de la mano de mi marido. Quisimos celebrar nuestro décimo aniversario visitando el bosque donde surgió nuestro amor, donde mis labios recibieron sus besos y su corazón mis primeras caricias. Allí estaba aquel árbol centenario con nuestros nombres grabados y la fecha de aquel día mágico; en sus raíces aún se puede observar ese pequeño zapato abandonado, y a su lado, el lago que fue testigo de nuestras más íntimas fantasías. Todo parece perfecto pero hay algo que nos perturba. El silencio invade este paraje insólito. Ausencia de vida. Nuestros cuerpos comienzan a deteriorarse. Las cenizas cubren nuestros huesos y el barro entierra todo rastro de nuestro afecto. Ese monstruo mecánico no quiso vernos, no quiso escuchar nuestros gritos de dolor, hizo oídos sordos al desgarro de nuestros miembros. Su capataz mandó arrasar con todo aquello que se interpusiera en su camino, el dinero de esa central nuclear valía más que la vida de dos miembros de Greenpeace que luchaban por mantener a salvo el lugar que les hizo encontrar el amor verdadero.
Ya no hay nada. No hay paisaje. No hay vida. Sólo queda la devastación fruto de la mano del hombre. Sólo queda un nuevo cementerio que hará más profundas las sangrantes heridas del planeta. Desde el cielo lucharemos para que las almas que aún permanecen ahí abajo tomen conciencia de sus actos y cuiden de la madre que les dio la vida, La Tierra, Gaia.

lunes, 18 de abril de 2011

INVEROSÍMIL


Perdona pero quiero casarme contigo porque no encuentro motivos para no hacerlo.

Nunca imaginé que llegaría ese día en que romperían la coraza que me protegía del amor, que me defendía del dolor que causa una ruptura. Nunca imaginé que fueras tú. No eras la persona con la que había soñado, ni siquiera eras la adecuada. Apareciste de la nada de forma sigilosa y haciendo contraste con el ambiente ruin que me rodeaba; no era nadie, sólo era un bulto más al que alimentar. Pinchaste la burbuja que me evadía del mundo real con tu presencia y rompiste mis esquemas con tu elocuencia. 
Sí, tú fuiste la causa que hizo latir de nuevo mi corazón, un órgano que permanecía latente dentro de mi ser. Me devolviste la vida con tu sabiduría. Me otorgaste un nuevo significado de la palabra amor; amistad, valoración y atención se convertirían en los tres pilares básicos de mi vida. Me enseñaste a recibir caricias y devolver besos. Me preparaste para afrontar acontecimientos aversivos de forma positiva. 
Me enseñaste a sentir. Sabes que no suelo ser redundante pero esta vez debes disculparme; no quiero que mis sentimientos caigan en el olvido de tu memoria a largo plazo. No quiero ser una más. Quiero ser esa persona que esté siempre en tu mente, que a pesar de la distancia nunca perdamos la conexión que hemos forjado con tanta ansia. Quiero casarme contigo para demostrar a esta hipócrita sociedad que podemos romper cualquier barrera impuesta, que sólo nosotros reconocemos que nuestra pasión no será eterna, pero que nuestro amor nunca desvanecerá aunque caigamos en brazos de otros amantes. Quiero ser tu esposa, porque cuando nuestras almas se unan ni el divorcio borrará nuestra incomprendida relación.

martes, 12 de abril de 2011

EL BESO


Nunca había sentido la necesidad de besar a alguien hasta que la conocí.
Ella, que suspira por la atención de esos actores secundarios que sólo buscan su cuerpo tras el escenario, que llora sin consuelo por el vacío que dejan sus fríos besos. Yo, la actriz principal que muere por el amor de esa mujer, que lucha contra viento y marea por conseguir el simple roce de su cuerpo. Qué triste condena estar cada día con ella y no tenerla, fingir que la quiero cuando en realidad la amo y ocultar estos sentimientos tras el maquillaje y las fingidas frases de un guión. Termina la escena, se apagan los focos y otra vez de vuelta a casa.
- ¡Espera! Tengo algo que contarte. – Me grita a lo lejos.
Se acerca a tal distancia que puedo sentir su respiración en mis mejillas.
De repente el ambiente fosco del plató toma un tono agridulce, estamos totalmente solas. Sin pronunciar palabra rodea mi cintura con sus pequeñas manos, me acerca a ella y prueba el sabor de mis labios.
No doy crédito a semejante osadía, recibo el beso por el que vivo y ni siquiera he luchado por él, está pasando, lo sé. Este instante parece no tener fin. El tiempo se para y no es otra de mis muchas fantasías, es la vida real.
Siento su aroma embriagador penetrar en mis sentidos, su piel acariciando mi alma y esa sensación de felicidad que envuelve mi mente. 
- Siento si te he asustado, quería practicar la escena de improvisto para que mañana salga más natural. – Me susurra al oído.

Acto seguido la veo marchar de la mano con el director de la película; ellos felices y yo desilusionada. Mi mundo acaba de romperse, sólo era un ensayo.