A veces sueño rozarte con mis
dedos, embriagarte con mi aroma y empaparte con mis besos, pero cuando
despierto no eres tú en quien pienso. Mientras duermo soy tuya, te introduces
en mis pensamientos y me haces el amor a fuego lento. Una vez desvelada no es a
ti a quien tengo. Me giro en la cama y hay otro sujeto; menos tierno, más
irritante, menos comprensivo, más violento, y sin embargo, es a él a quien
prefiero. Desearía que fueras tú quien me despertase por las mañanas con dulces
besos, pero tengo miedo de perderte si te digo que te quiero. Eres tú quien me
conquista con bonitos versos. Eres tú quien me seca las lágrimas con los
pañuelos más bellos. Eres tú quien me deja cada día los mejores recuerdos, y
aun así es a él a quien regalo mi cuerpo. Tú me entregas tu tiempo cuando él me
deja el corazón maltrecho. Tú me haces feliz, eso es un hecho. Me sacas una
carcajada cuando menos lo espero. Y es que es a ti a quien entrego mis mayores
secretos; me escuchas, me comprendes y me apoyas con esmero. Por eso te alejo
de mí, porque no hay amor más sincero que el saber que eres tú y callarme mis
te quieros para no perderte y echarte de menos.
Cabecera
domingo, 15 de enero de 2017
jueves, 29 de diciembre de 2016
NADIE COMO TÚ
Nadie como tú; tan perspicaz, tan
audaz. Que me haga sentir una chica especial. Nadie que comprenda mi
personalidad, mi saber estar. Desde que
se arrugó mi corazón no ha habido cabida para nadie más. Mi cabeza sólo
recopila recuerdos de ti; de tu labia, de tu dulzura, de tu mirada cristalina
como el mar. Y es que en mi piel han quedado grabadas las marcas de tu sed; tu
sabor, tu olor, tu voz, tu tacto, la energía de tus labios rozando cada defecto
de mi tez. Mis lágrimas ahora saben amargas cuando antes eran como azúcar para
el café. Nada es igual. Las mañanas no amanecen tan brillantes. Las tardes han
perdido su color. Las noches ya no son tan apasionadas como antes; mi cama ya
no huele a ti. Siempre quiero que se marchen, que no amanezcan a mi lado como
lo hacías tú. No quiero abrazos forzados ni besos obligados. No quiero sábanas
mojadas que llenen el vacío que dejaste en mí. Y es que sigo recordando cómo me
hacías sonreír. Aún siento cómo me besabas las mejillas mientras acariciabas mi
alma con tu sonrisa. Eras capaz de ilusionarme cada día, de enamorarme cada
tarde y de abrazarme cada noche. Siempre estabas ahí para mí, esperando
atentamente a que entrase por la puerta para hacerme la mujer más feliz.
Contigo me sentía más bella, más fuerte, irradiaba sapiencia. Sí, tú me hacías
ser diferente, me hacías única. Y es que hasta que no te he perdido no me he
dado cuenta de todo lo que me hacías sentir, porque no hay ni habrá nadie como
tú.
miércoles, 14 de diciembre de 2016
AYER
Ahora sólo me miras cuando al principio me observabas. Has dejado de escucharme para oír vagamente mis palabras. Me he convertido para ti en una mujer insulsa cuando antes me admirabas. Decías que era única, especial, que con mi inteligencia ya enamoraba. Ayer fui tu prioridad, hoy soy una más. ¿Dónde quedaron tus promesas cuando decías que me amabas? Ahora sólo me abrazas cuando antes me agarrabas tan fuerte que podía sentir tu alma. Has dejado de apreciar mis virtudes para reprochar aquellos defectos que al comienzo adorabas.
Ya no soy la primera persona en la que piensas cada mañana, soy la última en quien te acuerdas cuando llegas a casa. Llegué a creer que era tu ángel de la guarda, pero me has ido abandonando poco a poco hasta que he perdido mis alas. Y es que he dejado de ser la novedad. Ya no soy joven ni inocente. No soy esa flor que tanto anhelabas. Has olvidado regarme y ahora marchita te preguntas porqué me deseabas; si ahora te doy pereza, cómo era posible que me aguantaras. Simplemente, se acabó lo que se daba. La pasión se terminó. La complicidad se esfumó. La magia que había entre los dos se disipó. Resulta que sigo siendo única y especial, pero dejé de serlo para ti. Echo de menos cuando me observabas, cuando me escuchabas, cuando admirabas cada lunar de mi piel, cuando me anhelabas, cuando me adorabas… porque sé que no volverá a suceder. Hoy sólo me saludas cuando ayer me besabas.
martes, 29 de noviembre de 2016
FORMIDABLE
No era nadie, más creyó que lo era todo. No era especial, pero se sentía formidable. No lucía el rostro más bello, sin embargo adoraba sus propios gestos. No tenía la voz más bonita, aunque siempre cantaba una dulce melodía. No poseía gran altura, pero desde el suelo podía hacer grandes locuras. No gozaba de la mirada más llamativa, pero era la más intensa que se podía ver a lo largo del día. No era la persona más centrada, aunque su locura la hacía ser sensata. No era lista porque pecaba de inocente, pero su inteligencia callaba bocas a los incongruentes. No era nadie, más creyó que lo era todo. Era consigo y para ella. Era su sombra y su fortaleza. Disfrutaba de una gran sonrisa mientras desprendía las lágrimas más dulces y frías. Poseía una sensibilidad extrema que le permitía llegar a almas ajenas. Tenía ese don para regalar momentos inolvidables, quien la conocía grababa su nombre en sus propias carnes. Era constante y comprensiva, nada escapaba a sus premisas. Dejaba huellas sin saberlo, su honestidad no le dejaba verlo. Creyó que no era nadie, pero lo era todo. Era consigo y para ella. Era un ser formidable.
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domingo, 13 de noviembre de 2016
DOLÍA
Dolía tanto que sus lágrimas
antes de caer se convirtieron en cristales rotos. Su intensa mirada dejó de
brillar, sus ojos opacos se volvieron, impidiendo que se reflejara la luz del
sol en ellos. Tenía las manos agrietadas, frías como el témpano y llenas de
llagas. El corazón, que tan fehacientemente le había palpitado durante los últimos
años, dejó de bombear su pecho con fervor. La dulce melodía de su voz se
entrecortó, perdió el rosado color de sus labios y su saliva mostraba un amargo
sabor. Sí, tenía el alma herida. El ruido de la calle en silenció se convirtió;
dejó de escuchar, únicamente oía levemente murmullos dentro de su soledad. Caminaba
con apatía, sin rumbo y con desolación. Caminó y caminó hasta que las suelas se
despegaron de sus zapatos, hasta que sus pies sangraron, hasta que el mar le
cubrió las rodillas. ¡Y cómo escocía, la sal en sus heridas! Dolía tanto
que olvidó el motivo de su dolor. Olvidó porqué estaba llena de cicatrices, no
recodaba cómo había llegado a esa situación. Qué hacía allí, sola y con el alma
desnuda. Sin embargo, continuó avanzando. Sumergió todo su cuerpo y nadó, nadó
hasta que su cuerpo se cansó de huir. Le había dolido tanto que olvidó el dolor
en sí; sus lágrimas desaparecieron, su mirada volvió a brillar, sus manos desprendían
un suave calor, su corazón bombeaba su pecho con más fuerza que nunca, su prominente
voz salió de su pecho y su alma le gritó: ‘Vuelves a ser tú, amiga mía’.
Lo que dolió ayer dolerá hoy,
pero mañana se convertirá en sabiduría.




