sábado, 7 de mayo de 2011

Y DECIRTE TE AMO


A LA ATT. DE ARTURO GAVILÁN 
C/ San Valentín, nº 14
 29647 | Málaga 

 Querido Arturo, dicen que nunca es tarde para decir lo que sientes. 

¿Recuerdas cuando nos conocimos? Apenas teníamos siete años. Te vi en el patio del recreo sentado solo en aquel columpio viejo y oxidado; no te balanceabas, permanecías inerte; tenías una mirada perdida, quizás pensativa, tan profunda que llamó mi atención y no pude evadir ese sentimiento de empatía. Me acerqué por curiosidad y me senté a tu lado sin pronunciar palabra. Una sonrisa recíproca y sincera bastó para crear un vínculo de amistad inmediato que nunca se rompería, una complicidad inexplicable que escapaba a nuestro propio entender y aún sigue escapándose. 
Con el paso del tiempo forjamos un lazo afectivo irrompible, éramos dos en uno, no nos hacía falta hablar para saber lo que pensábamos, con una mirada lo decíamos todo. 
Los años pasaban y nuestros cuerpos y mentes maduraban. Tú, sumergido en innumerables relaciones esporádicas que no acababan de cuajar, no te llenaban y no sabías el por qué; yo, retraída en mi mundo de celos por ti, me gustabas y tenía que conformarme con ser el hombro en el que llorabas tras tus numerosas rupturas. 
Sabes, pasó toda nuestra adolescencia y no te hice ver que te amaba, pues tenía miedo de besarte y que me rechazaras, que me besases y me gustara, tenía miedo de querer más de ti y que te alejaras, que se acabara nuestra conexión y desaparecieras de mi vida. Seguían pasando los inviernos y mantenía reprimidos mis sentimientos hacia ti. A veces imaginaba que te sucedía lo mismo que a mí, que no dabas un paso adelante en nuestra relación por miedo a estropearla y perderme como amiga, que eludías los besos en la comisura por miedo a desviarlos hacia mis labios. Sí, eso creía y deseaba. 

Hace un par de días me levanté de la cama eufórica. Tenía la necesidad de gritar a los cuatro vientos que estaba enamorada de ti, además, se acercaba San Valentín y ambos estábamos solteros y sin compromiso. No lo pensé dos veces; cogí el teléfono y te llamé con la excusa de cenar juntos el 14 de febrero para celebrar los veinte años de nuestra bonita amistad, una mentira piadosa para pasar contigo ese romántico día y decirte “te amo”. 

Y por fin llegó el día. Mis nervios comenzaron a aflorar sólo de pensar en esa cena tan especial, tú y yo solos con la única compañía de las velas y la luna llena. Llegó el momento. Entusiasmada saqué toda mi ropa del armario para decidir qué galas iba a lucir. No te rías de mí, pero me sentía como una niña a la espera de su primer encuentro amoroso, con ese brillo especial en los ojos y los nervios a flor de piel. 
Cayó la noche y por fin escogí lo qué llevaría puesto para nuestra primera cita; un vestido ajustado de color rojo, unos tacones de salón, un reloj dorado y una americana beige. Estaba ansiosa por escuchar el timbre que anunciaría tu llegada... De repente sonó el teléfono, ese maldito teléfono. 

He aquí el que iba a ser mi gran día, vestida de luto y con el lápiz de ojos corrido. Ese conductor borracho no frenó a tiempo, dice que no te vio. He tenido que presenciar cómo desaparecías entre la tierra y el mármol, cómo te arrebataban de mi lado y cómo perdía una parte de mi esencia para darme cuenta de que dejé pasar demasiado tiempo. Sobre tu tumba yace inmóvil mi alma arraigada en tu recuerdo. Apenas me quedan fuerzas para escribir estas últimas palabras de despedida, las pastillas me están haciendo efecto y a duras penas puedo mantener el bolígrafo sobre el papel. Mis ojos se cierran poco a poco y mi cuerpo desvanece lentamente en el frío mármol que oculta tu efigie. Ha llegado la hora, pronto volveré a estar junto a ti y al fin podré decirte “te amo”. Porque ni la fría muerte logrará separarnos. 

Tu amada amiga.

domingo, 1 de mayo de 2011

LA ÚLTIMA NOCHE


Es una noche como otra cualquiera, monótona. Camino por los suburbios de la antigua ciudad de París rodeado de mafias, prostitución e indigentes que me agarran de la mano rogando su salvación.
Prometí dejarlo, dejar mis vicios de sexo y drogas, dejar de visitar esos antros donde la oscuridad y el anonimato son mis únicos acompañantes. Sí, prometí que esta sería la última noche, me despediría de esas almas enfermizas que aclaman mi cuerpo día tras día. Se lo prometí a mi mujer y a mis hijos.
Entro en Babylon como de costumbre pero esta vez el nerviosismo me invade por completo, parece haber cambiado todo; la estética del lugar ha adoptado un aspecto más siniestro si cabe, un aspecto que deja entrever que el sitio no es apto para cardíacos.
- Si entras, no podrás salir. – Me susurra al oído la nueva recepcionista.

Al oír esa voz mis pupilas se dilatan y comienzo a sentir cada latido de mi corazón. Algo no va bien. A pesar de mi desconfianza sigo adelante por este pasillo alumbrado únicamente por antorchas doradas que desprenden un calor abrasador. Llantos y gemidos acompañan el sonido de mis pasos que asustados tropiezan con cada escalón de la estancia.
Llego al final y una sala rodeada por espejos me da la bienvenida, en medio, una gigantesca alfombra roja repleta de personas que se mueven al unísono. Me acerco para unirme a esa gran orgía de sodomía por última vez, pero mis pies se hunden en el suelo, un lago de sangre invade mi ropa que comienza a teñirse de rojo. De repente, siento una mano en mi hombro, me giro y atónito caigo al suelo; soy yo. Estoy en el infierno. Intento recordar los últimos días de mi vida pero todos mis recuerdos empiezan caminando por el barrio de Pigalle y terminan en este mismo lugar, este maldito lugar. Soy prisionero de un bucle que no comprendo. Apoyo las manos en el suelo para intentar incorporarme, pero siento un dolor intenso que bloquea toda posibilidad de levantarme; me duelen las muñecas que parecen estar cortadas.

domingo, 24 de abril de 2011

AMOR VERDADERO


Estoy aquí rodeada de maleza de la mano de mi marido. Quisimos celebrar nuestro décimo aniversario visitando el bosque donde surgió nuestro amor, donde mis labios recibieron sus besos y su corazón mis primeras caricias. Allí estaba aquel árbol centenario con nuestros nombres grabados y la fecha de aquel día mágico; en sus raíces aún se puede observar ese pequeño zapato abandonado, y a su lado, el lago que fue testigo de nuestras más íntimas fantasías. Todo parece perfecto pero hay algo que nos perturba. El silencio invade este paraje insólito. Ausencia de vida. Nuestros cuerpos comienzan a deteriorarse. Las cenizas cubren nuestros huesos y el barro entierra todo rastro de nuestro afecto. Ese monstruo mecánico no quiso vernos, no quiso escuchar nuestros gritos de dolor, hizo oídos sordos al desgarro de nuestros miembros. Su capataz mandó arrasar con todo aquello que se interpusiera en su camino, el dinero de esa central nuclear valía más que la vida de dos miembros de Greenpeace que luchaban por mantener a salvo el lugar que les hizo encontrar el amor verdadero.
Ya no hay nada. No hay paisaje. No hay vida. Sólo queda la devastación fruto de la mano del hombre. Sólo queda un nuevo cementerio que hará más profundas las sangrantes heridas del planeta. Desde el cielo lucharemos para que las almas que aún permanecen ahí abajo tomen conciencia de sus actos y cuiden de la madre que les dio la vida, La Tierra, Gaia.

lunes, 18 de abril de 2011

INVEROSÍMIL


Perdona pero quiero casarme contigo porque no encuentro motivos para no hacerlo.

Nunca imaginé que llegaría ese día en que romperían la coraza que me protegía del amor, que me defendía del dolor que causa una ruptura. Nunca imaginé que fueras tú. No eras la persona con la que había soñado, ni siquiera eras la adecuada. Apareciste de la nada de forma sigilosa y haciendo contraste con el ambiente ruin que me rodeaba; no era nadie, sólo era un bulto más al que alimentar. Pinchaste la burbuja que me evadía del mundo real con tu presencia y rompiste mis esquemas con tu elocuencia. 
Sí, tú fuiste la causa que hizo latir de nuevo mi corazón, un órgano que permanecía latente dentro de mi ser. Me devolviste la vida con tu sabiduría. Me otorgaste un nuevo significado de la palabra amor; amistad, valoración y atención se convertirían en los tres pilares básicos de mi vida. Me enseñaste a recibir caricias y devolver besos. Me preparaste para afrontar acontecimientos aversivos de forma positiva. 
Me enseñaste a sentir. Sabes que no suelo ser redundante pero esta vez debes disculparme; no quiero que mis sentimientos caigan en el olvido de tu memoria a largo plazo. No quiero ser una más. Quiero ser esa persona que esté siempre en tu mente, que a pesar de la distancia nunca perdamos la conexión que hemos forjado con tanta ansia. Quiero casarme contigo para demostrar a esta hipócrita sociedad que podemos romper cualquier barrera impuesta, que sólo nosotros reconocemos que nuestra pasión no será eterna, pero que nuestro amor nunca desvanecerá aunque caigamos en brazos de otros amantes. Quiero ser tu esposa, porque cuando nuestras almas se unan ni el divorcio borrará nuestra incomprendida relación.

martes, 12 de abril de 2011

EL BESO


Nunca había sentido la necesidad de besar a alguien hasta que la conocí.
Ella, que suspira por la atención de esos actores secundarios que sólo buscan su cuerpo tras el escenario, que llora sin consuelo por el vacío que dejan sus fríos besos. Yo, la actriz principal que muere por el amor de esa mujer, que lucha contra viento y marea por conseguir el simple roce de su cuerpo. Qué triste condena estar cada día con ella y no tenerla, fingir que la quiero cuando en realidad la amo y ocultar estos sentimientos tras el maquillaje y las fingidas frases de un guión. Termina la escena, se apagan los focos y otra vez de vuelta a casa.
- ¡Espera! Tengo algo que contarte. – Me grita a lo lejos.
Se acerca a tal distancia que puedo sentir su respiración en mis mejillas.
De repente el ambiente fosco del plató toma un tono agridulce, estamos totalmente solas. Sin pronunciar palabra rodea mi cintura con sus pequeñas manos, me acerca a ella y prueba el sabor de mis labios.
No doy crédito a semejante osadía, recibo el beso por el que vivo y ni siquiera he luchado por él, está pasando, lo sé. Este instante parece no tener fin. El tiempo se para y no es otra de mis muchas fantasías, es la vida real.
Siento su aroma embriagador penetrar en mis sentidos, su piel acariciando mi alma y esa sensación de felicidad que envuelve mi mente. 
- Siento si te he asustado, quería practicar la escena de improvisto para que mañana salga más natural. – Me susurra al oído.

Acto seguido la veo marchar de la mano con el director de la película; ellos felices y yo desilusionada. Mi mundo acaba de romperse, sólo era un ensayo.