Tan difícil como fácil. Tan extraño de entender. Como si de la nada hubiese surgido un nuevo ser. Como si la tierra y el agua lo hubiesen esculpido a medida, pero también del cielo se dejó caer. Estaba en todas partes, era imposible huir de él. Daba miedo sentirlo pero observarlo era todo un placer. Envolvía el paisaje con su presencia y todo lo convertía en caos con su desnudez. Los sueños se rompían pero las ideas surgían una y otra vez. Era agua y aceite. Una combinación imposible de disolver. No entendía de razones, pero tampoco lo quería comprender. Llegó sin más. Se dejó ver. Atraía a todas las almas hacia su tez, como un potente imán que atrapa a todo aquél que lo rodeé. Tan frágil como tenaz. Tan fácil de beber. Como si de un manantial se tratase y todos quisieran saciar su sed. Era todo lo soñado, una utopía ardua de creer. Un crucigrama lleno de abstractos acertijos. Era tristeza y alegría a la vez. Paradoja de la vida. Un significado que obtener. Una meta sin un final establecido. Era como una llama humeante que nublaba cualquier razón de ser. Pensamientos impulsivos contra la objetividad de uno mismo. Estaba en la mente, picoteando de los recuerdos y quemando cada espora de su piel, de mi piel, de tu piel. Era una lucha entre lo que está bien y lo que está mal. Se llamaba Remordimiento y lo apodaban Querer y No Poder.
Cabecera
jueves, 19 de mayo de 2016
jueves, 12 de mayo de 2016
LO PERMITÍ
Sólo quería fundirme en sus brazos y sentir su corazón bombear en mi pecho. Deseaba empaparme con su aroma, llegar a casa y disfrutar de su olor en mi ropa. Anhelaba ser su esclava, que me marcase la espalda con sus uñas para recordarme que soy sólo suya. Necesitaba beber de su boca y alimentarme con su intensa mirada. Que despidiéramos la noche y amaneciéramos en las mismas sábanas. Soñaba con amarle y que me amara. Que me arrancara a tiras el alma. Que me hiciera suya sin tapujos y con rabia.
A su lado me sentía invencible, no podía dejar que se marchara sin más. Pero se lo permití. Dejé que volara fuera de nuestro nido, que encontrara otros brazos que le llenaran de calor. Le concedí el deseo de ser feliz sin mí, porque el amor verdadero no es aquél que retiene sino el que sufre para que el otro tenga la oportunidad de encontrar la felicidad.
A su lado me sentía invencible, no podía dejar que se marchara sin más. Pero se lo permití. Dejé que volara fuera de nuestro nido, que encontrara otros brazos que le llenaran de calor. Le concedí el deseo de ser feliz sin mí, porque el amor verdadero no es aquél que retiene sino el que sufre para que el otro tenga la oportunidad de encontrar la felicidad.
jueves, 28 de abril de 2016
FUEGO
Quemando mis entrañas con el fervor de tu respiración exhalé
tan fuerte que caí a tus pies en un mar de sudor. No pretendía desmayarme, las
fuerzas me fallaron, mi mente entró en éxtasis y mi cuerpo desvaneció. Soñé,
descansé, desperté y me volví a levantar con el mismo furor que la noche
anterior. Estaba enganchada a tu olor, atrapada por tus caricias y secuestrada
por tu voz. No era yo, una fiera indomable había surgido en mi interior. Una
vez más volví a clavar mis uñas en tu espalda y mis colmillos en tu cuello
sintiendo tu intenso dolor. Tu sangre recorría mis manos y mi boca se manchó
con tu sabor. Drogas, sexo y alcohol, hermosa depravación. Un sucio juego de dos. Tic, tac. El reloj avisó. Perdimos la noción del tiempo. La noche cayó. Agotada sucumbí entre
las mojadas sábanas de algodón. Era fuego lo que habíamos creado tú y yo en aquella
fría y solitaria habitación.
viernes, 15 de abril de 2016
MÁS SEXO
Más fácil. Más cercano. Como un aliento en la nuca que
estremece al más inhumano. Una caricia en el brazo. Un beso apasionado. Una
intensa mirada. Una amplia sonrisa que desprende entusiasmo. Más tierno. Más
sabio. Como un sueño llevado a cabo. De los pies a la cabeza. De la mano a la
cama. Un sorbo de placer que acaba en su regazo. Más tiempo. Más orgasmos. Como
una canción que perdura con el paso de los años. Un te amo. Un abrazo
enmascarado. El silencio se hizo eterno pero los cuerpos conversaban entre
destellos. Sudor y lágrimas. Un cigarrillo apagado. Un chicle mascado. Más real.
Más intenso. Como un mordisco en el labio que duele hasta abajo. Una gota de
sangre. Un gemido de placer. Una complicidad que sólo entre dos se puede comprender.
Más sexo. Más sudor. Dos almas perdidas entre sábanas que olvidan lo difícil
del amor. Un amanecer robado. Una carta escrita sin reparo. Una ausencia en la cama.
Un perfume impregnado con cuidado. Un momento apasionado que se despide dejando un recuerdo bonito pero amargo.
miércoles, 13 de enero de 2016
CONCIENCIA TRANQUILA
He finalizado 2015 habiendo cumplido todos mis propósitos; limando las perezas y siendo honesta para con mi persona. Dejé atrás las rencillas y los aspavientos, he abierto un nuevo camino que sólo deja lugar a la comprensión. He dado por zanjado temas que corroían mi corazón y que tejían telarañas en mis entrañas. De nada sirve el dolor y el orgullo si alejo a las personas que me acompañaron durante largos años a través del camino de la experiencia, de nada sirve la vergüenza y la cobardía si entierro los recuerdos positivos para mantener vivo un mísero momento negativo. De nada vale olvidar lo que hicieron por mí para reprochar lo que no llegaron a hacer. De nada me vale ser la víctima si no he luchado para vencer.
La vida está llena de momentos difíciles, de incomprensiones y malentendidos, de opiniones discordantes y de crudas realidades, sin embargo, también está llena de instantes maravillosos, de complicidad y ternura, de risas y juegos, de apoyo incondicional y de hombros en el que llorar. De modo que, ¿por qué quedarme sólo con lo malo? ¿Me hace mejor persona el odiar que el saber perdonar? ¿Tengo más personalidad por quitar mi hombro que por tender mi mano? La respuesta es clara; no. Recuerdo lo malo pero me es más constructivo lo bueno. Odiar no me hace mejor persona y es por ello que no olvido pero perdono. Quité mi hombro a muchos en determinadas circunstancias porque en aquel entonces consideré que debía hacerlo, pero también he sabido tender mi mano por segunda y tercera vez.
He comenzado 2016 con serenidad. He limpiado mi mente de reproches y la he rellenado de tranquilidad. He vaciado el cajón de mierda y he guardado en él todos aquellos momentos que me han hecho madurar. Me he podido equivocar, en ocasiones no he actuado de la manera más adecuada, me he dejado llevar por la situación y no he sabido controlar mis impulsos, pero es de sabios rectificar y de santos saber perdonar.
Este año me voy a la cama con la conciencia tranquila, sin pesadillas que me recuerden que tengo heridas sin cerrar. En mi mano ha estado escribir un final feliz para cada relato, aunque algunas historias permanecen abiertas porque necesitan de otra mano que escriban su final.
De nada sirve ser buena persona si no sabes perdonar.
Etiquetas:
Memorias
,
Reflexiones
,
Relatos




