domingo, 16 de mayo de 2010

QUISE SER

Quise ser un pájaro para volar a través del viento, pero mis alas se rompieron y caí. Mientras caía quise ser un paracaídas para evitar estamparme contra el suelo, pero no se abrió. A medida que iba descendiendo vertiginosamente soñé con convertirme en una pluma y así deslizarme suavemente por el aire, pero como dije mi sueño en voz alta no se cumplió. Seguí cayendo sin freno alguno y quise transformarme en un globo, pero se cruzó por mi camino un pájaro que incrustó su pico en el material del que estaba hecho. Desinflado continué mi descenso y quise ser un pez, diréis que los peces no vuelan pero sí nadan, caí en el mar.
Comencé a nadar para llegar a la orilla, pero un calamar gigante me abrazó con sus tentáculos obstaculizando mi camino y quise ser un tiburón. De un bocado me liberé y con la tripa llena seguí mi camino en busca de lo que verdaderamente quería ser.
Una sombra repentina invadía mi espacio personal, era una ballena y quise convertirme en un cazador furtivo. Arpón en mano me dispuse a cazar a ese gran mamífero de los mares, pero me compadecí de él, era un ser tan maravilloso que no debía desaparecer simplemente para alimentar la gula de los más afortunados.
Unas millas más adelante, cuando ya por fin podía ver la costa, me disfracé de buceador y me volví a sumergir en lo más profundo de las aguas heladas. Buceé y buceé hasta llegar a la orilla, ¿y ahora qué?
Quise ser una estrella de mar y fui recogida por un niño de cinco años. Me transportaron en un cubo de agua salada y me echaron en una pecera junto con tres peces de colores. Aquello era demasiado aburrido. No podía moverme. Sólo podía observar. Quise ser uno de esos peces llamativos, de esa forma al menos podía nadar, pero el espacio era muy reducido. Desde la cristalera podía contemplar el jardín, estaba repleto de rosales y quise ser una de aquellas rosas tan hermosas.
Apenas pasaron unos días, si acaso una semana, y ya me había hecho mayor justo cuando comenzaba a disfrutar de mi metamorfosis. Se acercó una niña de cabellos dorados y sonrisa inocente con unas tenazas, sólo sentí el frío metal en mi cuerpo, morí y caí.
Quise ser tantas cosas que cuando fui lo que quise ser, había pasado demasiado tiempo. ¿Quién soy?

viernes, 14 de mayo de 2010

NECESIDAD DE AMAR


No supe escribir nada alegre. Lo siento, se me escapó una lágrima.

Entre emociones confusas navego al compás de ilusiones y decepciones. No sé si reír o llorar, gritar o cantar, claudicar o luchar, no sé cómo reaccionar ante la vida.

Vacía. Buscando por los archivos de mi sistema límbico me percaté de que estaba vacío. Aún no habían llegado documentos sobre enamoramientos fortuitos, verdaderos. En el último estante encontré un informe, el único, hablaba de la necesidad de amar. Nunca había estado enamorada, si acaso ilusionada, confundida. Confundí la necesidad de sentir qué amaba a alguien con el verdadero amor; Ese que te hace sentir mariposas en el estomago cada vez que estás con él, que cuando te besa se para el tiempo y se eriza toda tu piel, ese mismo que te saca la sonrisa más sincera que habías mostrado, o eso dicen, yo no lo sé. Quizás una vez lo rocé. Lloré. Me derrumbé. Entre lágrimas me ahogué. Más tarde pensé que había amado y me alegré, pero confundí la necesidad con el amor, pues no sentía mariposas, el tiempo no se paraba con sus besos, mi sonrisa era fría como el hielo. A partir de ese momento supe que no lloré por nadie, lloré por mí, por ser incapaz de sentir.

Avergonzada. Pasan los años y no consigo encontrar la definición de amar. No aprendí en secundaria como el resto de mis compañeros. Me encuentro estancada en ese curso, no consigo aprobar la asignatura esencial de la vida. Una vez me dijeron que amar era el verbo más doloroso, pero más duele no haberlo conocido, lo digo yo, que se mucho de eso. No puedo compartir emociones con mis allegados y me avergüenzo. Callada espero a que cambien de tema, a que cuenten chistes o anécdotas en las que pueda intervenir. Dicen que tengo suerte por no estar enamorada, por no depender de nadie, por ser libre; Les contesto que soy libre, pero quiero depender, que al igual que ellos deseo tener a esa persona a quien abrazar, besar, compartir momentos inolvidables, que piense en mí, que se preocupe, que me haga sentir que soy especial.

Triste. Frente al espejo hablo con mi reflejo, le digo que estoy triste por culpa de la soledad, esa que invade todo mi cuarto por no saber amar, quizás sea miedo quién sabe, pero mi corazón no se abre. Vivo eternamente castigada. Soy mi propio enemigo, cómo luchar contra él. No quiero ser esa bohemia que consume sus últimos días en una cama roída por la ausencia, no quiero esa maceta muerta en la ventana, no quiero estar siempre frente a la pantalla escribiendo letras, no quiero morir de pena.

Dicen que acabaré sola, que por dejar de dar oportunidades me pierdo muchas cosas. Dicen que nadie quiere a una persona egocéntrica, superficial, sensible y calculadora, que no valgo tanto como para malgastar tiempo en derribar esa muralla. Dicen tantas cosas que he acabado por creérmelas, quizás tengan razón y me quede sola. Quizás muera por confundir el amor con la necesidad de amar.

sábado, 8 de mayo de 2010

SIMPLEMENTE TÚ

 
Soledad Sin Calzada
C/ San Corazón, nº 1
CP/ Mi corazón

En algún lugar, a 8 de Mayo de 2010

No pretendo analizarte, aunque te encantaría. Te encantaría poder decirme que no acerté en nada, que sigues siendo esa persona impredecible, intocable y misteriosa de la que todos hablan. Incapaces de retarte, pensaste que eras impasible, disfrutaste en todo momento de tu fortaleza, te alimentaste de la debilidad de tus renegados, pero su consecuencia a largo plazo te producía un gran vacío. Nadie era capaz de pulir ese diamante que permanecía incrustado bajo capas de hormigón. Quisiste impedir tu recaída al abismo causante de tu armadura por lo creaste tu propia filosofía hedonista olvidando tu verdadero anhelo, la llegada de ese día en el que derriban el escudo que te protege en todas las batallas. Día tras día te enfrentabas a mentes demasiado simples, predecibles, monótonas, humanas al fin y al cabo, de las cuales no te suponía ningún esfuerzo salir airosa. No cambiabas de estrategia para solventar los conflictos y reías de tus hazañas poco enriquecedoras.

Tú, que tan segura estabas de ti misma ahora comienzas a dudar. Recuerdas por qué te enterraste viva en lo más profundo de aquella roca; huías de los verdaderos retos que te nutrían, los más dolorosos, esos mismos que de forma inconsciente, o no, echas de menos. 
No eres tan fuerte como piensas, no eres tan diferente como creen, pues compartes ese estado emocional que todos tenemos, miedo. Miedo a conocer algo más complejo que esos rumiantes a los que estás acostumbrada, miedo a no saber cambiar de táctica y que consigan despojarte de toda esa armadura que llevas incrustada; Por eso quizás no arriesgas con tu mayor rival, temes perder tu orgullo y valentía, temes volver a ser débil.

Hasta hoy permanecías impune a la espera de una mente que desnudara tus pensamientos, que rozara suavemente tus más íntimos deseos, que consiguiera pulir ese diamante que aún espera.
Como una suave brisa que consigue penetrar por lar ranuras de tu yelmo llegué yo, inesperada, activadora de tus miedos, dispuesta a desmontar tus sueños, tus barreras, vencerte en tu propio juego.
Ahora no sabes defenderte, pero tampoco haces nada por vencerme. Estás perdiendo esta partida y ebria de confusión dejas entrever tus cartas.

Tú, que anhelas ser libre. Yo, que encontré la llave para liberarte. Temes esa llegada en que salgas a un nuevo mundo, comenzar nuevas pautas, empezar algo oculto. Ya puedes salir fuera, la puerta está abierta, deja tu orgullo, sólo queda que tú quieras.

Soledad Sin Calzada

TU ÚLTIMA PARADA


Mirada desencajada frente al espejo,
ojos vacuos que derraman sangre,
labios medio quemados del frío aire,
tez pálida de expresividad constante.

Reflejo moribundo a punto de desaparecer,
no eres nadie sin una persona que depender
y piensas que has nacido para solventar
ese vacío que agrava esta estúpida sociedad.

Sigues frente al cristal deteriorándote,
no haces el esfuerzo por seguir adelante,
te limitas a respirar y a automarginarte
pensando que eres la persona más deplorable.

Sentado en un sillón viejo medio roído,
acumulas polvo de tu ausente pasado,
ausente de vivencias dignas de recordar
para alardear en fiestas de abogados.

Yaces en la cama ínmovil de sentimientos,
carente de energías para abrir los ojos,
tumbado bocarriba y huyendo de la realidad
esperas no despertar nunca más en ese lugar.

La luz de la mañana entra por tu ventana,
apenas has levantado un palmo de la cama
y ya te cuesta respirar en ese infierno
que has creado con el paso del tiempo.

Vagueas por el pasillo sin dirección prefijada,
sólo caminas descalza ante la atenta mirada
de retratos en la pared con personas desconocidas,
esas mismas que odias por recordarte que eres un alma vacía.

Acabas de nuevo en el baño ante el espejo,
pero esta vez con una cuchilla en la mano,
gotas rojas van pintando tu triste lavabo
que ocultan las lágrimas que derramaste antaño.

Por fin llegaste a la última parada de tu viaje,
sin ropa ni equipaje te desplazas en una bolsa negra,
ni frío ni calor, ni luz ni oscuridad, ni un sólo palpitar,
sólo tú, el olvido y un muerto más al que maquillar.

NADA


Cuando no encuentras ni un sólo motivo por el qué vivir. Cuando no te sientes identificada con los actos de los que se suponen son tus semejantes. Cuando estas rodeada de los tuyos pero sientes que estás totalmente sola y hablas al espejo para ver que alguien te escucha, y posteriormente escribes tus palabras para sentirte viva aunque nadie te lea eso, es sentir soledad.

Intentaste cambiar para encajar en tu entorno y por un momento creíste que lo habías conseguido. Te habías puesto el mejor disfraz. Adoptaste su lenguaje, cambiaste tu forma de vestir, tus creencias, tus ilusiones, renegaste de lo que eras abandonándote por completo. Rodeada de risas falsas y cumplidos incoherentes diste un paso hacia atrás, eso no era lo que querías. Te sentías una cobaya más sin personalidad propia. Engañaste a tus sentimientos para solapar en ese puzle que desde un principio sabías que no estaba hecho para ti, eras la pieza sobrante. Decidiste hacer caso a la logística y abandonar el rompecabezas al que nunca habías pertenecido.
Comenzaste una nueva búsqueda exhaustiva del juego del que provenías sin resultado alguno. Eres única, especial, el patito feo que todos ignoran por ser diferente. Caminas por un desierto repleto de oasis que no puedes alcanzar, tan cerca e inalcanzable a la vez. Construyes fantasías en las que caes inmersa en un paraje natural donde lo normal es ser insólito, todos abstractos pero con una pieza en común, la diferencia.
De vuelta a la realidad, el tiempo va quedando en el olvido y vas forjando una armadura que te aísla de todo contacto humano. Alejada de la sociedad derramas lágrimas incongruentes por no sentir nada. No sonríes. No te alegras por los demás. No amas. No añoras. No das cariño. No valoras. No das las gracias. No pides perdón. Todas estas sinfonías no son más que palabras ausentes en tu vocabulario que te van encerrando en un abismo de soledad, indiferencia, lejanía, tristeza. No le ves sentido a esta vida a la cual no debiste llegar jamás y vas desapareciendo tras esas lágrimas de cristal. Mientras lloras vas acumulando polvo en tu estantería de las experiencias, vacía de recuerdos, rota de mentiras. Tumbada en el suelo cierras los ojos y no ves nada, solo oscuridad, ni un sentimiento memorable, ni una imagen que recordar. De qué te sirve ser diferente si estás vacía de emociones positivas. Incapaz de disfrutar de una simple caricia, incapaz de valorar un elogio o una sonrisa, sólo buscas aversiones en cada uno de los gestos que recibes. Nada. Te quejas de no sentir, pero no haces ningún esfuerzo por remediarlo. Hablas. Reprochas. Infravaloras. Cuestionas. Te indignas, pero ¿haces algo para cambiar tu situación? Resignarte.
Has dejado de buscar tu lugar. Has decidido que tu sitio está entre las cuatro paredes que componen tu espacio personal, ese que tanto te costó alimentar. Alejada, ausente, callada. Sólo de vez en cuando dejas escapar un leve suspiro de angustia que les hace recordar que estás ahí, viva, aunque tú ya no sientas nada.