lunes, 1 de octubre de 2012

UN TRIUNFO AMARGO

Desde las gradas observo ensimismada el partido. Tan sólo quedan dos minutos para su final y ambos equipos permanecen empatados. El ambiente se vuelve hostil; el público abuchea a los jugadores, el entrenador escupe una gran verborrea digna de estudio, los suplentes parecen estar poseídos y el árbitro comienza a difamar. En una esquina permanece casi inerte un jugador que resalta por su baja estatura y su extrema delgadez. Podría decirse que es el bufón del equipo; ese al que abuchean, ridiculizan y olvidan que existe cuando todos regresan a casa. En un desesperado intento por hacer cambiar la opinión de todos los allí presentes comienza a correr como nunca lo había hecho, algo sobrehumano había despertado en él. Con gran rabia consigue rescatar el balón, toma impulso saltando sobre la espalda de un compañero y anota el tanto del triunfo. Los espectadores se vuelven loco con él; le ovacionan, le tiran flores y reclaman su nombre, Pero nada pueden hacer para reavivar su débil y triste corazón que dejó de latir antes de tocar el suelo.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

QUERIDA CRISTINA


Soledad Sin Calzada
C/ San Vacío, nº Ninguno
CP/ 13666
En San Francisco, a 7 de Agosto de 1969


Querida Cristina, qué decir que ya no sepas, porque allí estabas tú.

Sola, así era como pasaba las horas antes de conocerte. 
En un banco del parque desayunaba todas las mañanas acompañada por el cantar de los pájaros y el murmullo de la gente que pasaba por mi lado con cara desencajada. Allí estabas tú, pero yo inmersa en mis fantasías no notaba tu presencia; mi manía persecutoria te borraba de mi foco perceptivo. Voces que decían, voces que criticaban, voces y más voces que me dañaban. ¡Maldita sea! ¿Por qué no se callan? Más gente y a su vez más voces. No conseguía verte, el zumbido de un mosquito me distraía y el llanto de un niño me irritaba. ¿Por qué no se calla? 
Sonó la campana. Agitada me levanté, me dirigí a clase y allí estabas tú, sentada, mirándome fijamente, parecías llamarme con tu silencio, y así fue. Me senté a tu lado alejadas del resto de la clase. ¡Qué agradable! Al fin alguien que no decía, que no murmuraba, que no criticaba. Te miré. Me miraste. Te sonreí. Me sonreíste. Agachando la mirada sonrojada sentí tu aliento recorrer todo mi ser. Hasta ese momento no recuerdo una sensación tan hermosa como tu resuello en mi cuello; una brisa fresca que me llenaba de energía y paz interior. A partir de ese día nos hicimos inseparables, tú, yo y mis historias inalcanzables. Ya no volví a desayunar sola en aquel parque. Estaba contigo acompañada por las voces de esos primates; voces que decían, voces que criticaban, voces que reían pero ¿por qué no se callan? Y ahí estabas tú. Me hacías olvidar aquellos sonidos virulentos que penetraban en mis sentidos. Me rozabas la mano y erizando toda mi piel calmabas mi ser más inicuo, ese que estaba deseando salir para cometer el mayor de los pecados.

Pasamos largas horas en casa frente al espejo. Me peinabas. Te peinaba. Me sonreías. Te sonreía. Siempre estabas ahí cuando lo necesitaba. Eras la única que me escuchaba, que me entendía, que me aconsejaba.
Dibujábamos paisajes en las paredes mientras las voces de mis padres decían, murmuraban, gritaban. “¿Qué estás haciendo?” “¡Para!” No necesitaba a nadie más, ni siquiera a mi familia, todos representaban un incordio. ¿Por qué no me dejaban ser feliz a tu lado?
Quisieron separarme de ti. Pensaban que estaba loca, que por hablar contigo había perdido toda la cordura. Aún así nos veíamos de vez en cuando pero nuestros encuentros se iban reduciendo a medida que pasaba el tiempo, esas pastillas del diablo me hacían olvidar todo tu recuerdo. No lograba recordar donde quedábamos, a qué hora te veía, a qué hora nos despedíamos. 
Dejamos de vernos. ¿Qué pasó? ¿Dónde estás? Te echo de menos.

Estoy entre cuatro paredes blancas, otra vez sola.
¿Cuándo fue la última vez que estuvimos juntas? No lo sé, no lo recuerdo.
¿Y mi familia? ¿Por qué no sé nada de ellos? ¿Qué está sucediendo?
Voces extrañas procedentes de gente con bata blanca hablan, murmuran. Dicen que presento ideas delirantes, alteración de la percepción, distorsión del pensamiento, aislamiento, negación de la realidad y abulia; diagnóstico, esquizofrenia paranoide. 
Hace poco me regalaron un espejo por mi buen comportamiento y... te vi, ¡eras mi reflejo! ¡Sabía que no me abandonarías! Ahora cada mañana al despertar me dirijo al gran cristal que hay colgado en la pared para poder estar contigo. Me pongo justo enfrente y ahí estás. Te miro. Me miras. Te sonrío. Me sonríes. Agacho la mirada sonrojada y recibo un hálito de aire en mi cuello que me alegra la mañana. Estoy feliz porque sé que existes, yo te veo pero nadie lo admite. Quizás andan más preocupados en las voces que dicen, que critican, que murmuran al igual que hacía yo antes.
He dejado de tomar esos caramelos de colores que me borraban tu recuerdo. Ahora soy feliz porque estás aquí, callada, sin decir nada.
Porque creo y creeré en ti.

Soledad Sin.

sábado, 8 de septiembre de 2012

ELLOS


La sociedad y yo. Sus pensamientos y los míos. La normalidad y mi atipicidad. Su cordura y mi ¿locura?
Ellos. Esa especie considerada racional por el hecho de pensar. ¿Pensar? Es el nuevo término empleado para denominar todo acto que lleva a la destrucción de su ambiente natural, aquél que permaneció millones de años impune hasta su llegada. También hace referencia a las conductas que ejercen un poder inicuo e injustificable sobre sus iguales: vejaciones, suicidios, maltratos, violaciones, holocaustos, guerras y demás. Al parecer, todas estas calificaciones les hacen ser la única especie inteligente capaz de eliminar a sus semejantes sin motivo aparente.
Tan perspicaces se creen que presumen de libertad cuando viven encarcelados por sus propios prejuicios. No son capaces de ser ellos mismos, o no quieren o tienen miedo de mostrar su verdadera personalidad, por lo que viven en un carnaval constante.¡Abundan los disfraces! Se consideran independientes y sin embargo, dependen unos de otros para sobrevivir en esta falacia. 
Forman grupos, antónimo de independencia. Visten todos iguales, sinónimo de secta y aún así, ¡se atreven a decir que son autosuficientes! Consideran como normal tener el mismo pensamiento, aunque carezcan de personalidad propia. Necesitan en todo momento seguir a un líder (aunque sea el perro de mi vecina) que les aleje de responsabilidades para que sus escasas neuronas, si es que les quedan, puedan seguir realizando las funciones de respirar, andar, comer, follar y dormir... Que ya de por sí es bastante trabajoso levantarse todos los días de la cama. ¡Chicos, con calma! No vaya a ser que penséis demasiado.

A veces me gusta caminar por la calle con música en mis oídos para evadirme de cualquier tipo de estímulo  y así reflexionar más calmadamente mis discrepancias con el mundo que me rodea. 
Ellos. Ese grupo de cucarachas a penas diferenciables entre sí que se resguardan en una esquina y te observan. Miradas extrañas. ¡Qué coño miran! Y se ríen. ¿Quizás de mí? Sigo caminando acompañada por mi palpitar, por mi respiración y por la imagen de mis zapatos pegados a una sombra que parece querer abandonar esta solitaria oveja negra. El sonido de una ambulancia retumba en mis tímpanos. Otra mujer muerta a manos de su marido, pero sigue siendo racional, ya que la culpa ha sido de la enajenación mental y no del hombre. Una excusa más para eludir la verdad de nuestra sociedad, ¡no somos tan racionales como queremos aparentar!

Regreso a casa después de mi breve paseo y oso poner la televisión, el gran invento de lavado de cerebros, ¡estoy "to loca"! Juzga las pasarelas de modelos por la presencia de muertas en vida a la vez que emiten las imágenes, seguidamente unos anuncios sobre pastillas adelgazantes, máquinas para perder peso y por supuesto esqueletos como protagonistas. A continuación, la entrevista con un doctor donde da explicaciones de cómo hacer una buena dieta y nos elabora todo un esquema con los índices corporales que debemos tener para estar ¿sanos o delgados? Falsa moral. 
Cambio de canal. Política. Un nuevo adolescente vuelve a asesinar, pero como es de esperar fue culpa del episodio de descontrol explosivo. ¡No seamos mal pensados! Y por si no ha quedado claro, detalles explícitos sobre el asesinato, por si algún zombi anda despistado y luego no sepa cómo utilizar un machete. Ahora quieren endurecer la ley del menor, pero ¿no fueron ellos mismos quienes votaron a favor? 
Sigo en el mismo canal. Sueltan a un violador y vuelve a reincidir. Me pregunto. ¿Para qué lo dejan libre? Encuentran en un monasterio fetos enterrados, pero ¿no tienen que guardar el celibato? Otro sacerdote denunciado por pederastia. ¡Y se atreven a decir que abortar es pecado! 
Siguiente canal. Cultura. El Papa comenta delante de millones de personas que el condón aumenta las enfermedades, pero ¿se ha puesto uno alguna vez? La iglesia, algunos políticos y algún retrógrada que otro, dicen que la homosexualidad es una enfermedad y un pecado irrefutable. ¿Acaso padecen algún déficit que les impida realizar alguna actividad cotidiana? ¿Pecado? ¿Han cometido algún delito? Pregunta retórica.
¡Y a mí me llaman loca! Tanta discordancia me desconcierta. 
Acabo apagando el televisor antes de que me produzca una lobotomía y olvide quién soy. ¿Y ahora qué? Continuo con mi indignación y cagándome, con perdón, en esta maldita humanidad. 

Ellos, que tan orgullosos se sienten por pertenecer a la estandaridad de la población, no son conscientes de que esa normalidad es enfermiza. Han forjado todo un campo de concentración compuesto por borregos y un pastor, la ignorancia. Tienen miedo de ser diferentes, claudicando de ser especiales. Les aterroriza la idea de ser discriminados y de ahí a que vivan acomodadamente entre mentiras y asesinatos. Prefieren la resignación antes que su armonía interna, antes que ser ellos mismos.
Yo, que me considero inhumana, asocial, atípica, incluso puedo parecer autista por mi actitud indiferente hacia esas moscas que me rodean, prefiero vivir en mi utopía y ser consecuente de mis actos (producto de mi personalidad) antes que ser una marioneta más de esta sociedad. No quiero ser normal. No quiero ser racional. No quiero ser uno de ellos. Quiero ser especial, dejar mi esencia en esta selva sin provocar daño a los demás, quiero sacar sonrisas. Me cansé de tanta intransigencia e hipocresía.
Desde hoy, he dejado de considerarme "persona", para ser "YO", con todas las consecuencias que acarrea.

viernes, 31 de agosto de 2012

TRAICIÓN


Despechada. Melancólica. Defraudada. Simplemente decepcionada, y no por amor.
Creí que dejé las cosas claras. Pensé que me daba a respetar. Tenía total seguridad en que nadie más me fallaría, pero no fue así. Se me olvidó que la conveniencia mueve montañas, derriba muros, forja caminos de espinas y abre sendas de falsedades y mentiras. Olvidé que no debo confiar en nadie, ni tan siquiera en mí.

Hoy puedo decir y reconocer que he vuelto a pecar de ingenuidad, una cierta inocencia que me ciega ante las personas y me hace ver sólo la bondad en cada una de ellas olvidando que todo el mundo tiene su lado oscuro, algunos más acentuado que otros. Sí, porque no todo el mundo es lo que aparenta ser; ni los malos son tan malos, ni los buenos son tan buenos. ¡Exacto! Ni los buenos son tan buenos... ¡Son peores! Se aprovechan de su imagen de “nunca he roto un plato”. Te sacan su mejor sonrisa, siempre tienen una bonita palabra para ti, te conquistan como persona, consiguen tu confianza, se convierten en tu hombro en el que llorar y luego... ¡Te la clavan! ¿Y cómo te la pueden dar sin tú esperártelo? Está claro, lo saben todo de ti; tus defectos y tus virtudes, tus miedos y tus valentías, tus amores y desamores, tus victorias y tus fracasos. ¿Por qué son así? Por envidia. Son personas con baja autoestima, sin personalidad, odian todo lo que tienen y desean todo lo que no pueden poseer. No se alegran de la felicidad de los demás, al contrario, desearían que todo les fuese mal, no soportan la idea de quedar en un segundo plano y destruyen todo lo que está a su paso. Son personas sin empatía, sin asertividad, personas que no aprendieron a amar.
Mientras tanto, yo, pequé de vanidad, pensé que lo controlaba todo y no fue así. Olvidé que la moneda siempre tiene y tendrá doble cara. Me traicionaron.
A pesar de mis múltiples conversaciones sinceras, directas y concisas, a pesar de no andarme con rodeos y a pesar de ser buena persona, me tomaron el pelo, se aprovecharon de la oportunidad que les otorgué durante años, la oportunidad de compartir mi día a día sin esperar nada a cambio. Me mintieron. Se jactaron de mi persona. Me ocultaron la verdad. Rumorearon sobre mí. Mal metieron en mi grupo de amigos para dejarme completamente sola, difamaron durante mucho, mucho tiempo. ¿Y qué consiguieron? Perder a una amiga de verdad, ¿pero sabéis qué? Me alegro, de hecho, estoy muy feliz ¡que les jodan a todos! Ellos no ganaron nada y yo conseguí quitarme la venda de los ojos, aprendí más psicología social y me hice más fuerte, más desconfiada. Maduré un poquito más y anoté en el diario de mi vida una experiencia nueva. Además, esta vez no lloré por la traición. Me dio pena por ellos, porque no supieron apreciarme, y me alegré por mí, porque hoy me deshice de gente que sólo ponía piedras en mi camino para dificultar mi avance.

Cuando te haces tan visible te conviertes en un blanco fácil. Nunca cuentes tus secretos, ni al que consideras tu mejor amigo. No confíes ni en la mujer que te trajo al mundo. No dejes que nadie sepa lo que piensas, porque sino estarás perdido. Evita que puedan utilizar tu vida contra ti. Sé cauteloso y selectivo. 

martes, 28 de agosto de 2012

A QUÉ HUELE LA MUERTE


Postrado en una cama sin movilidad alguna observo la ventana que ilumina la oscuridad de mis ojos, esos mismos ojos vacuos que una vez visualizaron el dolor de una batalla perdida.
Yo, aprendiz de aventurero. Ellos, guerreros con experiencia. Por aquel entonces no supe defenderme, no estaba preparado. La vida no te enseña con antelación estrategias para resolver problemas y conflictos, solo deja que caigas en numerosas ocasiones para levantarte en cada una de ellas y aprender en cada uno de ellas.
Lloras. Gritas. Huyes. Te encierras en ti mismo y resurges.
Yo nunca me levanté, me hundí en lo más profundo del olvido atrapado por esa sensación de vacío que mi propia mente creaba como castigo. En ese abismo, de amargura sin sentimientos de los que poder alimentarme, caí abatido y morí.
Ahora muerto en vida camino sin rumbo, sin esperanza. Me desplazo con desazón en una burbuja de humo producida por ese cigarrillo a medio terminar en el cenicero. Impregnado por el olor a ceniza mezclo mi esencia con desamparo y soledad, con olvido y melancolía, con suplicio y paz.
Hoy, condenado a vagar con este hedor anodino, cuento con ansia los días que faltan para desintegrar el material del que estoy hecho y así completar la fase de esta muerte de la que soy prisionero, pues ni siento ni padezco, sólo soy un bulto más al que enterrar.