sábado, 5 de mayo de 2012

VEINTE MÁS

Salió de aquel sitio con la sensación de que le habían tomado el pelo, no comprendía cómo un par de cartas al azar podían adivinar la edad de su futura pareja, ¿dónde estaba escrito eso? ¡Habladurías!” - Pensó.
Ella sólo quería saber si su futuro iba a ser fructífero, si tendría unos hijos sanos y si su vida amorosa sería estable y digna de un cuento de hadas, pero no, la vieja esotérica se centró en la edad de su hipotético novio y el cambio que éste produciría en su apacible y monótona vida. “¡Menuda estafa!”. - Balbuceó mientras iba camino a casa.
 Siempre había sido una chica con unos ideales muy arraigados en cuanto a temas de amor se refería. Su hombre ideal debía tener entre dos y siete años más que ella, de estatura media, complexión atlética y carente de bello corporal. También tendría que tener una carrera universitaria, un trabajo asentado y ser todo un caballero. Sí, así se imaginaba a su ficticio marido, "el hombre perfecto". Quería satisfacer el deseo de sus padres de conseguir un buen yerno para ellos y tener una imagen encantadora para el resto de la sociedad, una imagen nada fuera de lo común que le permitiera pasar desapercibida sin rumores de por medio y a la vez que fuera muy especial para ella.
 - ¡Ey, cuidado! ¡Mira por dónde vas!. - Le gritó a un señor trajeado que iba hablando por teléfono totalmente despistado.
- ¡Qué se creerá!- Caviló. La gente mayor cree que pueden mirarnos por encima del hombro y pisotearnos sin escrúpulos.
- Le ruego que me disculpe bella señorita, la vi de lejos y no pude evitar tropezarme con usted buscando una excusa para conocerla. – Alegó el caballero de una forma muy seductora. Sorprendida por la respuesta del desconocido galán agachó la cabeza y sonrojada pidió disculpas por su mala gana, nunca nadie le había entrado con tanto descaro y a la vez con tanta educación. En cualquier otra circunstancia hubiese pensado que es el típico viejo verde acomplejado por su edad que intenta recuperar su juventud acostándose con chicas a las que le dobla la edad, pero esta vez no presintió nada de eso, había algo en sus ojos que la hechizaban. - ¿Estás bien? No quise ser demasiado atrevido, pero siempre hago caso a mi intuición y en esta ocasión me dijo que debía conocerte, y nunca me gusta llevarle la contraria.
- Supongo que mi intuición o el propio destino también quiso que nos encontráramos hoy en el mismo camino. – Le contestó ella sin apartar la mirada del claro iris de sus ojos.
No era joven, no estaba atlético, no tenía hecha ninguna carrera universitaria y tenía bellos en todo el cuerpo menos en donde tenía que tenerlos, en la cabeza. Eso no le impidió querer conocerlo, había algo en él que la atraía, era muy diferente al resto. A partir de ese día pasaron juntos todas las tardes a escondidas; tomaban café, compartían risas y debatían sobre política.

La estudiante estaba muy a gusto con él y se sentía protegida. Sus vidas no tenían ningún parecido pero eran extrañamente iguales; ambos cansados de una sociedad ignorante que se rige por estereotipos y ambos deseosos de encontrar la perfección en una relación. Seguían pasando los meses y su amistad aumentaban, no podían plantearse una vida en el que el otro no estuviera; la juventud aportaba a la madurez y la madurez aportaba a la juventud, los dos unidos formaban un perfecto equilibrio.
Dieron un paso más, querían fundir sus almas y hacerlas invencibles, hacerlas eternas. Entre el mar y la playa hicieron el amor bajo un cielo estrellado que se convertiría en testigo de la más sincera y bella relación, sin miedos, sin prejuicios, olvidando el que dirán y sintiendo a través del corazón pero con una pequeña diferencia entre ellos; ella con diecinueve años y él con veinte más.

lunes, 16 de abril de 2012

UNA PESADILLA FACTIBLE

Paseo de madrugada junto a mi perro por calles apartadas, con música en mis oídos y con mirada cansada. De repente, dos indigentes con aspecto demacrado se acercan a mi persona suplicándome limosna. Yo jamás pierdo el tiempo en otorgarles ni un céntimo, no quiero que gasten mis ahorros en drogas y vino, si acaso les ofrezco mi desayuno como buena ciudadana que soy, pero evidentemente a las dos de la noche no tengo ningún tipo de alimento que ofrecerles. No me demoro más y sigo avanzando por este callejón. Mientras escucho mis canciones de épica clásica pienso, imagino y reflexiono acerca de las vidas tan inmundas que han debido llevar estos pobres desgraciados para quedarse en la puta calle, para que ni un solo familiar los acoja en sus hogares, ni un amigo, ni un conocido, nadie. ¡A la puta calle!

Cuando alguien cae en las drogas y en el alcoholismo, cuando alguien ha robado y ha sido un maltratador, un mal padre, un mal hijo, cuando alguien ha estafado a su mejor amigo y niega la verdad, cuando ha rechazado la ayuda de sus allegados y no ha sabido pedir perdón, entonces ese inepto es cuando se queda a la intemperie con la única compañía de su sombra. Nadie quiere hacerse responsable de esas personas que tanto odio han cosechado cuando lo tenían todo. Los que antes eran sus confidentes ahora los olvidan, olvidan que un día compartieron el mismo techo, la misma comida, los mismos besos. Se han quedado solos, durmiendo en cartones malolientes y defecando las mierdas de sus vidas pasadas en cacerolas oxidadas. ¿Sabéis qué? No me entristecen, cada uno tiene lo que se merece. Si no hubieran malgastado el dinero en alcohol y drogas, si no hubieran robado, si hubieran sido unos buenos padres y unos buenos hijos, si no hubieran estafado, si hubiesen sabido pedir ayuda y pedir disculpas, ahora no serían escombros olvidados en las esquinas de las iglesias, en parques, en hospitales y en los bancos de tu barrio.
¡Guau! ¡Guau! El ladrido de mi perro disipa mi lapsos crítico. Vuelvo a la realidad.
La oscuridad de la noche oculta la maldad de esta tierra infame, oculta los restos de agujas con SIDA y condones usados, oculta los restos humanos de vidas pasadas, oculta la cruda realidad. Yo, una persona más entre tantas, me limito a observar el panorama que me ofrece este ambiente lúgubre.
Prostitutas medio desnudas ofrecen su cuerpo a cambio de cincuenta míseros euros. Yonkis escuálidos con un pie casi en la tumba esperan en cada esquina a sus camellos para comprar unos tristes gramos de cocaína o heroína. Un proxeneta arrastra de los pelos a una de sus putillas por todo el descampado y la obliga a hacerle un trabajito gratis. Un coche de policía pasa por al lado de un grupo de transexuales y las suben al coche, y no precisamente para llevarlas a comisaría. Adolescentes inexpertos deambulan por el infierno esnifando pegamento y buscando alguien que tenga cocaína para vender. A lo lejos, veo a un compañero de trabajo pagando a un chapero menor de edad y regresando a su vehículo como si no hubiera pasado nada, ¡me repugna! A su vez, sale de un callejón un vecino mío, padre de familia, después de haber echado una canita al aire con una mujer de vida alegre que no parece ser muy limpia, además, se va sin pagarle y la tira al suelo de una bofetada. No puedo creer que gente de mi propio entorno carezca de escrúpulos y se aproveche de los más indefensos y necesitados, no puedo creer que sean tan ruines y déspotas. No puedo creer que conviva con ellos.
El paisaje es desolador, no se respira ni un hálito de humanidad. No quiero que este espectáculo bochornoso se extienda por los alrededores de mi ciudad, debemos exterminar el carnaval de sodoma y gomorra de la faz de la tierra y así crear un mundo en el que podamos respirar y vivir en paz. Tengo que despertar de esta pesadilla.

miércoles, 22 de febrero de 2012

MI PEQUEÑO OLVIDADO

Era joven y como cualquier chico de su edad sus ansias de popularidad eran obvias; necesitaba eludir el control de sus creadores, apelaba a los brazos de su mejor amigo cuando todo le abrumaba, callaba sentado para evadirse de la ignorancia de sus allegados, reprimía la caída de sus lágrimas por simple orgullo, se escondía tras la puerta de su habitación cuando sentía que pasaban de él, exageraba su entusiasmo para llamar la atención de aquellos que un día lo olvidaron. Quiso ser inmune a la ignorancia, creyó ser imprescindible para aquellos que lo rodeaban, no le bastaba con ser importante para las personas que lo respetaban, quería ser importante para todos, incluso para los que se burlaban de él y lo rechazaban. Olvidó que el amor había que sentirlo y crearlo, que había que donarlo y regalarlo, olvidó cuidar de la gente que lo amaba, olvidó regar su propio jardín.
Su rebeldía aumentó. Rompió los sueños de la que un día lo amó, derribó castillos hechos con piezas de su pasado, insultó a su persona y repudió sus raíces, cortó con tijeras el hilo que lo unía a las cosas buenas de la vida, dejó de ser él. Su carencia se acrecentó. Todo lo que hacía para estar más cerca de sus iguales contradictoriamente lo alejaba de ellos, los abrazos desaparecieron, ya nadie le reía las gracias, los elogios destacaban por su ausencia y la soledad comenzó a ser su única acompañante en las noches más frías. Se sentía solo en un mar de incertidumbre, no sabía llegar hasta la orilla de la verdad y su desorientación se incrementaba por segundos, pensó que nada tenía que hacer y que nada podía hacer por salvar lo poco que quedaba de él, estaba perdido.
Intentó buscar el camino de vuelta a sus orígenes, pero todo fue en vano. Perdió el sentido de la cordura, perdió el respeto de los demás, se alejó de los suyos y se acercó a la oscuridad. Se hizo amigo del hastío, amante de la desesperanza, compañero de la represión, marido de la desolación, se refugió en el polvo de su propia miseria y se dejó dominar por el insomnio.
Las noches que pasó en vela las dedicó a ver y reconocer sus propios errores; no había sido honesto consigo mismo, no había valorado todo lo que había poseído, no respetó a nadie y tampoco nadie lo había apreciado porque no dio la oportunidad de que lo conocieran tal y como era, se había convertido en un baúl cerrado que ni él mismo podía abrir para descubrir lo que guardaba en su interior. ¡Mandita sea! Ahora se arrepiente de todo el tiempo que dejó escapar entre sus manos y que hubiese sido suficiente para encontrar un halito de esperanza entre tanta confusión, pero el tiempo que perdió no lo supo recuperar. Ahora ha vuelto a la auténtica realidad, a la realidad de los seres vivos; ha descubierto quién es, su corazón deja de latir y muere de pena al recordar que todo lo que había vivido había sido una utopía, no era más que un triste juguete roto que un día olvidaron jugar con él y que soñaba que podía respirar y hablar, que soñaba que tenía corazón y que podía amar.

Mi pequeño olvidado, el amor estaba en ti porque sentías la necesidad de amar y ser amado, estabas vivo en tu interior porque simplemente sentías como los humanos.

martes, 20 de diciembre de 2011

MIRANDO AL MAR

Mirando al mar desde un acantilado veo las olas romper contra las rocas y siento cómo mis mejillas son acariciadas por las gotas de espuma que huyen de ese pozo de lágrimas. Mis zapatillas se empapan, mi ropa se humedece y mi piel se eriza por las frías aguas, ya no me preocupa nada. Estoy aquí, sentada, observando este hermoso paisaje que me regala la vida, esa misma que un día guardé en el cajón del olvido. Estoy aquí, pensando, creando expectativas y soñando que en un futuro no muy lejano las haré realidad. Nutriré mi esencia con hechos y no con deseos, nutriré mi alma con verdades. Como las nubes en el cielo, avanzaré sin rumbo fijo hasta alcanzar mi destino, hasta dejar huella en cada corazón que visite, porque a diferencia de ellas yo jamás me desintegraré, me convertiré en una nueva arteria y haré fluir la sangre que los mantiene vivos.
Mirando al mar desde la orilla del Mediterráneo veo los barcos atracar en el puerto de los milagros, un día más que sobreviven a la furia de Poseidón trayendo a la costa prosperidad y amor. Al igual que un pescador, paso las horas esperando que piquen mi anzuelo para poder volver a casa satisfecha, con una gran sonrisa en la cara y un brillo especial en los ojos. Y sigo aquí, sintiendo la arena mojada en mis pies, observando cómo los peces saltan para coger el oxígeno que les hace respirar, que les devuelve otra hora más de vida.
Mirando al mar desde mi azotea recuerdo días de verano en los que hacía el amor en la playa bajo una lluvia de estrellas y el calor de una moraga. Mi cuerpo se calienta y mis sentidos me avisan de que no es tarde para mejorar esas noches. Estoy en el camino hacia la verdadera felicidad. Mi mente descansa tranquila y mis recuerdos son sólo eso, pasado. Ahora he de avanzar y construir nuevos recuerdos de los que sentirme orgullosa en un futuro. Es la hora de dejar grabado en este sólido muro la fecha en la que comencé a ser feliz, la fecha de mi nuevo nacimiento.
Mirando al mar cada día me recuerda que hace una vez, no mucho tiempo atrás, estuve apunto de arrojarme por ese acantilado, pero apareció mi ángel de la guarda y me liberó de las cadenas que me mantenían estancada.
Mirando al mar hoy doy gracias a la vida, porque he conocido el verdadero significado de la felicidad, el amor universal.

jueves, 10 de noviembre de 2011

DESILUSIÓN


Cuando comienzas una relación todo es puro y fresco, todo son melodías de amor y palabras de aprecio, todo parece perfecto. Se olvida forjar una amistad y se empieza directamente con una pasión carnal en la que se funden dos cuerpos que acaban amándose entre cálidas sábanas.
Todo es maravilloso hasta que surge la monotonía y la ilusión se desvanece; ya no hay mariposas en el vientre ni brillo en los ojos, sólo queda el cariño y la costumbre de estar con alguien. Creemos vivir algo verdadero y nos cubrimos los ojos con una venda de mentiras, nos volvemos comodones. Luego llegan los malentendidos, las decepciones y los arrepentimientos, a partir de ahí todo lo vemos negro. ¿Cómo no pude verlo? Todo el mundo me lo decía, ¿por qué no los escuché? Ahora la impotencia se apodera de una mente débil que sólo sabe fabricar lágrimas y anular cualquier capacidad de reacción, ¿qué voy a hacer sin él?
Regresan las oportunidades pero por poco tiempo, la cosa no funciona. Vuelta a empezar. La habitación se cubre de versos tétricos y la almohada se empapa de pequeñas gotas de agua. Ninguno de los dos saben ya pasarlo bien con sus amigos, no tienen cuerpo para fiestas y mucho menos para conocer gente nueva.
Otra oportunidad. Ya van dos y ésta dura menos que la anterior. ¡Cuánto sufrimiento sin motivo por optar por la vía fácil! Sabes que con él si quieres sexo lo tendrás, si quieres un abrazo lo recibirás y si quieres un par de cenas románticas las harás. También sabes que a la semana siguiente discutiréis, no os entenderéis, volveréis a romper, lloraréis, os rallaréis, volveréis juntos y quizás caigáis de nuevo... ¿Y vuelta a empezar? ¡No por favor! ¡Aprende de tus errores! Deja que el destino tome tu decisión, al fin y al cabo elige lo mejor para ti, si algo no ha de ser no lo será nunca. Si vas contra él no avanzarás y vivirás entre penurias y lamentaciones.
Cuando la ilusión desvanece hay que saber admitirla. No podemos estancarnos en una relación la cual nos perjudica, hay que tomar decisiones aunque ello conlleve llorar un par de días, sino reflexionad. ¿Qué preferís; llorar un par de semanas o llorar tres días sí y uno no durante años indefinidos? La respuesta a mi parecer es fácil; yo “prefiero” pasarlo relativamente mal durante algún período leve de tiempo a vivir siempre con la inseguridad de no saber cuándo será la próxima ruptura a causa de la incompatibilidad de los dos.
Tenemos que ser honrados con nosotros mismos y hablar las cosas con sinceridad, dejando a un lado los egoísmos y los reproches. Aunque la pareja se rompa eso no quiere decir que no se pueda crear luego un vínculo de amistad duradero, pero debemos de saber cómo y cuándo es el momento ideal para hacerlo. Cada persona supera las dificultades de la vida de una forma diferente y cada una necesita su tiempo, un tiempo que no está dictado en ningún libro de psicología. El amor siempre quedará vigente en dos personas que han compartido aventuras y sensaciones, es de irracionales el querer romper todo contacto porque no sepáis cómo llevaros, simplemente dejad que el tiempo pase y que vuestro corazón se recupere, dejad que el camino siga su curso y que la felicidad os llene. Quién sabe, quizás algún día seáis amigos y recordéis años pasados con ternura e ilusión, fue una experiencia más.

Perdona pero nunca olvides, pues de tus errores debes aprender para la próxima vez.